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We Say What You Mean

Monday, September 25, 2017

Mantener la calma: una tarea no siempre fácil


Por Maria Pearce, AIB



Los lectores habituales de este blog ya han podido ver distintos aspectos de nuestra profesión, los viajes, las anécdotas, las condiciones de trabajo, la preparación, el cuidado de la voz, pero también es importante dedicarle unas líneas a cómo hacer frente a este ritmo de vida, en ocasiones trepidante, para vivir con salud y no sucumbir al estrés.

Como en muchas otras profesiones estresantes, y la nuestra no es ninguna excepción, es importante mantener una buena higiene alimentaria, física y mental para que nuestro amor por la profesión no acabe con nuestra salud. De todos es conocida la famosa frase Mens sana in corpore sano, aunque en sus orígenes en realidad nada tuviera que ver con el deporte…

Ya en mis tiempos de estudiante de máster, recuerdo a una profesora que nos recomendaba hacer deporte, ejercicios de respiración para controlar los nervios y visualizaciones para autoconvencernos de que sería posible aprobar el examen final. A todos nos pareció, a priori, una idea un tanto peregrina, porque al fin y al cabo ¿no sería mejor invertir el poco tiempo que nos quedaba en practicar la consecutiva hasta la saciedad? Pero una sesión práctica hizo que algunos de nosotros nos planteáramos que quizás, en vez de empecinarnos en estudiar y practicar hasta caer extenuados, tan importante o más era controlar los nervios y tener una actitud positiva para sacar lo mejor de nosotros el temible día del examen, ante un tribunal de 12 profesionales, muchos de ellos desconocidos, en una solemne sala con sillas talladas y tapicería de rojo terciopelo, presidida por lo que a mí se me antojaba un Cristo inquisidor e inclemente.

Decidí que ya había trabajado todo lo que tenía que trabajar e intenté centrarme en controlar los nervios y a mí, por lo menos, me dio buen resultado. Pero el pasar nervios y tener que gestionar el estrés no acabó con ese examen final, sino que no hacía más que empezar: el programa de inserción para jóvenes intérpretes en Bruselas, el examen de freelance, el primer trabajo en el mercado privado, la primera vez que trabajaba hacia el inglés, la primera consecutiva sobre un escenario, el primer congreso de finanzas… un sinfín de situaciones estresantes, y cada una parecía peor que la anterior. Con los años te das cuenta que siempre vas a tener que hacer frente a la incertidumbre de una nueva interpretación, un nuevo cliente, un nuevo tema, un nuevo compañero de cabina, etc. y aunque la experiencia indudablemente te va dando tablas, van apareciendo otras innumerables fuentes de estrés en tu vida.

Al igual que le ocurre a muchos otros profesionales autónomos, te llegan clientes solicitando presupuestos urgentes con peticiones imposibles, intérpretes que te reclaman documentos que no llegan, tienes que organizarte los viajes, lidiar con Hacienda, y todo ello sin olvidarnos de la familia. Al final, no queda más remedio que encontrar maneras de no sucumbir a la locura y acabar histérica, malhumorada y contracturada.

En este sentido, una de las primeras cosas que podemos hacer por nuestra salud es intentar adoptar una buena postura cuando trabajemos, bien sea sentados en la cabina, bien sea en casa ante el ordenador. Hay que procurar tener la pantalla a la altura correcta, no encorvarnos ni encogernos de hombros e intentar levantarnos de la silla cada cierto rato, tanto para favorecer la circulación como para dejar descansar la vista.

Así mismo, es esencial practicar algún tipo de deporte. La gama de actividades en la actualidad es amplísima, a mí en concreto me gusta el Pilates, porque ayuda a fortalecer sobre todo la musculatura interna de la espalda y abdomen, fundamentales para poder mantener con menor esfuerzo una postura equilibrada y evitar así muchos dolores de espalda. Sin embargo, con la vida itinerante que a menudo llevamos, hay épocas en los que no logramos seguir ninguna clase programada en un gimnasio; en estos periodos hay que buscar formas de no dejar de movernos y acabar doblegados por las lumbalgias: unos estiramientos en casa (o en el hotel) o simplemente salir a caminar a paso ligero nos pueden ayudar en estos casos. No es tan importante el tiempo que le podamos dedicar, como el hecho de hacerlo con asiduidad.

Las contracturas son otro de los problemas de salud que a menudo nos acechan, las causas pueden ser múltiples, pero, además de problemas posturales, con frecuencia se originan en un exceso de tensión en la zona de los hombros y el cuello debido al estrés mal gestionado. Las contracturas normalmente hacen su aparición de forma insidiosa: un día te notas un poco cargada de hombros, pero no haces nada al respecto; al cabo de unos días te empieza a doler un poco, pero sigues sin hacer caso porque estás muy ocupada y no puedes dedicar tiempo en ese momento a estirar ni a hacer ejercicios de relajación y, antes de que te des cuenta… ¡ZAS! ya tienes una contractura de caballo que te llevará mucho más tiempo quitártela a base de medicación y de ejercicios que si hubieras puesto remedio a tiempo.

El estrés es una reacción fisiológica natural en el ser humano: ante una situación desconocida o amenazante, un posible depredador, el cuerpo está programado para prepararse para “Huir o luchar”. Esta reacción está ampliamente descrita y no se trata de explicarla aquí. Yo creo que es imprescindible sentir cierto grado de “estrés” para poder interpretar bien, ya que te ayuda a estar alerta, pero lo que sí que es cierto es que si el estrés es excesivo puedes acabar bloqueándote. Y si vivimos en un estado de estrés de intensidad moderada pero de presencia constante, acabamos con contracturas entre otros males.

Hay muchas formas de intentar controlar el estrés, a mí me va bien practicar el yoga. Con el yoga, no solo trabaja tu cuerpo, sino, sobre todo, aprendes a centrarte en lo que estás haciendo sin dejar que todos los demás pensamientos invadan tu mente y te acaben abrumando. Los ejercicios de meditación también son útiles para poner en su sitio al estrés: si logramos desconectar de la locura, aunque sea sólo por unos minutos, luego podemos pensar de una forma mucho más racional y ordenada y, en ocasiones, las respuestas que antes te eludían de repente aparecen de la nada. La meditación a menudo está rodeada de un halo de misticismo, y debo decir que no me resulta fácil de aprender, pero el libro Teach Yourself to Meditate de Eric Harrison me está resultando muy útil por su enfoque directo y práctico, con muchos ejercicios que se pueden realizar en pocos minutos. Eso sí, como para casi todo en esta vida, hay que ser constante.

En esencia, se trata de encontrar maneras de rendir en el entorno exigente y cambiante de la vida moderna, sin que eso nos cueste la salud. Ya lo dicen: más vale prevenir que curar.

Wednesday, August 30, 2017

Back to school, back to the interpreting textbooks (but this time, with a twist!)




As summer draws to a close, many conference interpreters are turning their thoughts to the autumn working season. For those of us who also work as interpreter trainers, this is also the time of year when we start dusting off our teaching notes to prepare for the latest intake of students starting on interpreting programs in the fall. For some trainers, these teaching notes don’t always include textbooks or other formal writings on conference interpreting, as textbooks have not always played a major role in how our profession is taught in some parts of the world. However, my own experience has convinced me that certain written works on interpreting can serve as useful guidance to underpin the teaching of certain skills. Today I am going to talk about one such work which has guided my teaching for the past several years, and which has just been released in a revised edition: Andrew Gillies’ Note-Taking for Consecutive Interpreting: A Short Course (2nd Edition).


Gillies’ Short Course, which was first published in 2005 by St Jerome and has now been re-edited by Routledge, has already become quite well-known in interpreter training circles in the decade or so that it has been with us. Any “top ten” list of interpreting textbooks is bound to include this note-taking guide by Gillies (who is also the author, by the way, of Conference Interpreting: A Student’s Practice Book, published by Routledge in 2013, which to my mind also belongs on every trainer’s bookshelf). Before I look at what the Short Course offers, and what is new in this second edition, let me say that this is the type of book that can be useful not only to trainers and students working through an interpreting training program but also to any interpreting practitioner who has ever struggled with their consecutive notes – and that no doubt includes most of us! So even if you aren’t involved in formal interpreter training, please read on…


Gillies’ Short Course takes the oft-stated argument that “notes are personal affair, so they can’t be taught” and proves it wrong, once and for all. The author offers a clear, step-by-step approach to acquiring an effective note-taking technique for consecutive interpreting that is a boon to anyone – trainer, student or otherwise – who is trying to make sense of this of this challenging, sometimes even mystifying skill. The Short Course is organised in such a way that anybody with an interest in the topic can pick up the book and work through the various chapters, which are organised logically and include explanations, exercises and samples, to end up with a workable note-taking technique. Practitioners who struggle with their notes can also use the Short Course to help diagnose where their difficulties lie and correct their technique to make it more effective.


For all these reasons and more, the Short Course has already proven itself to be a useful addition to any interpreter’s bookshelf. So what is in the second edition that is different from the first version? My work with the textbook over the past month or so has shown me – reassuringly – that all the bits that I liked most about the first edition are still there, just in slightly improved versions. I am referring to the sections on speech analysis, the structuring of the notes on the page, and the exercises on symbols and links, which I have worked through with various generations of students. So the textbook hasn’t changed so much in the second edition as to be unrecognisable to those of us who know and love the first edition.


The first change that jumps out in the new edition is the fact that the book’s structure has been rearranged slightly to make it even clearer and more logical than that of the original publication. While both editions take the reader from the basics of speech analysis and recognising and splitting ideas through to the fine-tuning of notes, reviewing key components such as structure, symbols and links along the way, the second edition seems to follow a logic that is just that much more intuitive (not to mention more clearly explained in the table of contents). Another major change can be found in the material used in the exercises, which has been updated to include more recent speeches (all of Gillies’ exercises are based on authentic speeches and include the necessary bibliographical references). But what I perhaps like the most about the new edition is an extra section that has been added at the end that presents an overview of note-taking guidance according to other authors. So whereas my students and I used to have to dig up references to Rozan, Matyssek, Jones and Oblitas on our own to (quite literally) “compare notes”, we now have all of this handily compiled for us at the back of the textbook. Thank you!


Of course, no book review would be complete without a discussion of what might not be fully in line with one’s expectations, and there is one such minor comment that I can make about the Short Course. The second edition, like the first, makes very sparing use of scanned versions of real, handwritten notes, preferring instead to present stylised typewritten versions of what would normally be taken down using pen and paper. While I understand the choice on the part of the author, it inevitably leads every year to a situation where I have to explain to the odd student or two that no, Gillies is not teaching a keyboard-based note-taking system and that you shouldn’t be trying to reproduce these notes keystroke-for-keystroke on your laptop screen. For those who are completely new to consecutive note-taking – as many beginning students are – it can be hard to make the mental leap from the notes we see typed on the pages of the Short Course to what they might look like when written in a notepad. But this is probably something that is best tackled at the trainer end: when we first show students the book, we just need to explain as clearly as possible how the illustrated notes are to be understood, to minimise confusion.


To conclude, I can say that the upcoming “back to school” season will have an added twist for those of us who use Gillies’ Note-Taking for Consecutive Interpreting: A Short Course in our training. I look forward to exploring the second edition in more detail as I prepare for the new academic year – and I encourage any and all colleagues with an interest in note-taking to do the same!

Wednesday, July 26, 2017

Reflexiones de una estudiante de Traducción e Interpretación

Por María Leiva, estudiante de 3º del Grado de Traducción e Interpretación de la Universidad Complutense de Madrid.

Este mes, nuestro socio Fernando González (AIB) deja que sea una de sus estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid quien exponga sus reflexiones sobre lo que es y supone la interpretación para ella.


           Fernando González (AIB), con el grupo de estudiantes de 3º (María Leiva, 2ª por la derecha)

Hay muchas cosas que me hubiera gustado saber antes de empezar Traducción e Interpretación. Cosas en las que no tienes tiempo de pensar con la Selectividad todavía reciente y un verano entero por delante, pero que siempre rondan tu cabeza a lo largo del grado cuando te repites una y otra vez: «¡Quién me mandaría a mí meterme aquí!».

El primer momento de incertidumbre no tarda en llegar si, como yo, te matriculas sin tener ni idea de una de las lenguas de tu futura combinación. Si bien todos los alumnos deben superar una prueba específica de acceso, esta solo exige conocimientos de la lengua A –español– y de una de las lenguas B –inglés o alemán–. Esto quiere decir que yo pude entrar en el grado sin saber nada de alemán. Craso error. Terminar la carrera traduciendo o interpretando una lengua con la que hasta hace escasos años no habías tenido el más mínimo contacto no es imposible, muchos lo han conseguido; sin embargo, el camino es, cuando menos, frustrante.

Dicho esto, pese a que sea más que aconsejable dominar todas las lenguas de tu combinación, enseguida descubres que la que de verdad importa es el español. Cuando vi por primera vez el horario del primer curso, no salía de mi asombro: «¿Por qué tantas asignaturas de español? ¿Eso no es lo que ya sabemos? ¿Es que aquí no venimos a estudiar otras lenguas?». Tres cursos después, he aprendido que para poder traducir o interpretar hay que ser, sobre todo, un experto en la lengua de llegada, o sea, en el español.

Traducir no es lo mismo que interpretar y, aunque hoy me parece una obviedad, cuando comencé la carrera no lo tenía tan claro. Incluso mucho después de empezarla, en mis clases de 1º y 2º no se oía hablar demasiado de la interpretación. Para mí, la interpretación era algo lejano, difícil y hasta exclusivo que mis profesores mencionaban solo de vez en cuando, con un tono que oscilaba entre el respeto y el miedo. Sin embargo, en un intento por alejarme del combo pijama-portátil que entonces parecía intrínseco a la profesión de traductor, decidí optar por el itinerario de interpretación.

Así, en 3º llegaron los primeros profesores que se dedicaban, además de a la docencia, a la interpretación profesional. Hasta entonces, un profesor de interpretación que hubiera ejercido la profesión de intérprete de forma continuada era lo más parecido a una criatura mitológica para mis compañeras y para mí. En mi humilde opinión, un profesor de interpretación tiene que haber sido necesariamente un intérprete; si no, no puede –por mucho que haya investigado sobre la interpretación– enseñar a otros a interpretar. Del mismo modo que, si uno no ha tocado un coche en su vida, no puede enseñar a otro a conducir.

Ahora, a las puertas del último curso, el futuro está lleno de posibilidades y de incertidumbre. Con frecuencia me pregunto si me dedicaré profesionalmente a la interpretación, una vez concluido el grado. No estoy segura de que acontecimientos como el Brexit ofrezcan un panorama muy esperanzador… Por otra parte, siempre he temido que mi combinación lingüística sea algo simplona: español, inglés y alemán. Tres idiomas se quedan cortos al lado de los muchos que dominan todos los intérpretes que he conocido hasta el momento y, además, no parecen ofrecer nada nuevo al mercado laboral de hoy en día. Aunque sé que nunca es tarde para aprender nuevas lenguas, siento que los estudiantes de interpretación que hablan checo, búlgaro, chino, ruso o árabe resultarán mucho más atractivos que yo a organismos internacionales y empresas en un futuro próximo. Lo que está claro es que ser intérprete implicará necesariamente cursar un máster de Interpretación de Conferencias, porque el tiempo que dedica el plan de estudios a la interpretación no es suficiente.


Esta opción en España es, por desgracia, bastante costosa. Asimismo, este último año he podido comprobar que un intérprete es, ante todo, un comunicador que resuelve problemas con rapidez y tiende puentes entre culturas. Las opciones para alguien con estas cualidades son infinitas y no tienen por qué limitarse únicamente a la interpretación. Desde hace tiempo vengo pensando en continuar mis estudios en Alemania –donde, sin duda, las universidades ofrecen unas condiciones económicas más asequibles que aquí– y apostar por la rama de las relaciones internacionales o, tal vez, del turismo. Quién sabe… De momento, queda enfrentarse por fin al último curso y esperar que entonces todo esté un poco más claro.

Monday, June 19, 2017

Terminology on Social Media: An Interview with Licia Corbolante


by Edwina Mumbrú, AIB
       







I met Licia Corbolante in Manchester many years ago when she was working in the Italian Department at Salford University. Rendering humour into other languages is almost an obsession of hers. It´s a skill that ensures any conversation with her is peppered with anecdotes of weird translations spotted by her keen eye of the absurd.

An excellent public speaker, she focused her career on localization and IT terminology and for almost 20 years was an Italian Language Specialist and then Senior Terminologist at Microsoft. She now works as an independent terminologist and cultural specialist.


Licia is very active in the web with her blog Terminologia etc. and in Twitter as @terminologia: She comments on terminology, translation, localization and anything language-related that attracts her attention especially from the press and current affairs (check her posts on Theresa May´s “dementia tax” and Trump, Comey e le richieste di “lealtà” .   



Although her focus is on English to Italian terminology and on the increasing interference of English into the Italian language, her analysis is always relevant for anyone with English as a working language.





Q- Your blog does not cover only terminology but also other subjects. How do you choose your topics?

I have always loved languages, not only as a fantastic form of communication but also as a mirror of our cultures, which I am sure is a shared attitude among language professionals. Additionally, I always had a very keen interest in linguistics as I believe the more you know about the “mechanics” of a language, the better you are as a language professional, and this is what I try to convey with my blog. I take inspiration from language quirks, peculiarities, idiosyncrasies and unusual errors, but also from whatever is trending or makes one laugh as this creates interest more easily. In particular, I like to focus on different aspects of terminology work, not only because I am a terminologist but also because in Italy there is hardly any “terminological culture” to speak of, unlike in Catalunya, one of the most active terminological hotspots in Europe.  Italian institutions, industries and media pay hardly any attention to terminology, which results into inconsistencies, inaccuracies, lack of definitions and ultimately unsatisfactory user experience. It also means excessive reliance on anglicisms as whoever adopts them often ignores that Italian offers plenty of options for naming new concepts. 

Overall, my posts aim at creating better linguistic awareness and I believe the most effective way to do so is to analyse the language mechanisms involved, in a light-hearted yet rigorous manner. 

My contribution is possibly only a drop in the ocean, yet I am rewarded by the considerable number of followers, who keep on growing year by year, by the interactions I have with them, and by other types of recognition I get for my blog.

Q- For several years, your blog has featured in the international Top 100 Language Professional Blogs competition.
Can you tell us more about what blogging means for you as a language professional?

It’s always quite flattering to get good scores and to know that my blog has a good reputation. The downside is that I regularly find chunks of my posts recycled elsewhere, quite often with no mention of the source, a form of plagiarism which I find very annoying.


Anyway, the blog has given me considerable visibility, which resulted in a number of interviews, also on national radio, and above all in excellent professional opportunities. Being a regular blogger requires quite some dedication and takes time, but the more you write, the easier it becomes and after almost ten years of blogging I still find it very rewarding and enjoyable. I would recommend it to any language professional: a blog provides you with a very personal, unique platform which is a showcase for your expertise and professional skills. 



Q- So being present online is an absolute must for language professionals? Even for Interpreters? What do you recommend?

Indeed, I believe that nowadays all language professionals, especially freelancers, should have an online presence –it is the 21st century CV! My main point of contact is my blog, but ideally one should have profiles on all main platforms. Unfortunately, the day only has 24 hours, so I think each one of us should prioritize according to one’s own preferences, interests and goals.

I believe most language professionals have a profile on LinkedIn, whose Pulse functionality can also serve as an alternative to a personal blog where you can get a taste of what it is like to publish posts. It’s a useful form of training if you are planning a more ambitious personal blog or maybe a shared blog with a few colleagues –the very format of the AIB blog! As an alternative, 
Medium or similar platforms offer more
flexibility as you don’t have to restrict yourself only to professional topics, as you would be expected to do in LinkedIn. I love Twitter and its dynamics – just keep away from politics and other charged topics and you’ll find it’s a very civilized place! On Twitter, you can really learn a lot from the information that is shared on your timeline and from other serendipitous discoveries you can make by using hashtags and checking trending topics. There is a very vibrant community of English-speaking linguists and other language professionals that keep you up-to-date with what is going on with the English language, from many different angles: neology, grammar, pragmatics, sociolinguistics and of course translation and terminology, just to name a few. On the Italian front, I enjoy the interactions with the numerous translators and with quite a few language lovers. Overall, I find Twitter a great place for language insights, for exchanging information and, if needed, for getting quick yet relevant answers to any query you might have. I am quite active on Twitter so it could come as a surprise that I am not on Facebook, for several different reasons, but mainly because I don’t like the Facebook concept. I am fully aware it cuts me off from a lot of information, opportunities and above all networking, but I stand by my choice not to open a profile.