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Friday, May 6, 2016

Traducir, interpretar… y criar bebés. ¡Viva la conciliación!

Intérprete de conferencia



Aviso a navegantes: texto probablemente sin interés alguno para aquellos que no tengan hijos ni quieran tenerlos en el futuro. En caso de que se aventuren a leerlo de todos modos, adelanto cuatro términos útiles para legos:

· Dr. Estivill: especialista en Medicina del Sueño que publicó un libro que, en resumidas cuentas, propugna que hay que reeducar al bebé para que vuelva a dormir, dejándolo llorar durante periodos de tiempo cada vez más largos sin ir a consolarlo.

· Colecho: dormir con el bebé en la misma cama o en una cuna al lado de la cama de los padres. Viene a ser lo contrario del Método Estivill porque el bebé tiene a sus padres al lado en todo momento.

· Pródromos: según la RAE 1. m. Med.”Malestar que precede a una enfermedad.” ¿Desde cuándo el parir es una enfermedad? Según la Federación de Asociaciones de Matronas de España los pródromos equivalen a la fase de preparto.

· Sacaleches: aparatito manual o eléctrico que facilita la extracción de leche materna.

Con ocasión del reciente día de la madre y en vista de que una amplia mayoría de intérpretes somos mujeres/madres/intérpretes/autónomas, voy a hablar un poquito de mi experiencia de la conciliación laboral y familiar. 

A menudo se cree que una profesión liberal, que te permite trabajar en gran medida desde casa y sin un jefe, es ideal para la conciliación familiar y laboral. De hecho, tras finalizar mis estudios de Biología, empecé a estudiar la carrera de Traducción e Interpretación justamente porque me parecía que aprovechar mis conocimientos lingüísticos podría ser una buena alternativa de cara a seguir trabajando si algún día tuviera niños y quisiera quedarme en casa mientras fueran pequeños… ¡Qué poco sabía de la profesión del traductor y aún menos de lo que supone criar un bebé!

Al estudiar la carrera de TeI descubrí la interpretación, una profesión/oficio que hasta entonces siempre me había parecido algo reservado a unos pocos talentos que se movían por las altas esferas. A mi profesora y ahora colega de profesión, le pareció que igual podría acabar siendo una buena intérprete, tras hacer el máster de rigor, y se tiró dos años animándome cada vez que nos veíamos, hasta que al final me lancé a la piscina. Durante ese tiempo me dedicaba a traducir, además de dar clases de inglés, y cada vez veía más claro que el día que tuviera niños me iba a ir muy bien trabajar desde casa. Pasó el tiempo, completé mi máster y, tras trabajar una temporada en Bruselas, volví a Barcelona, ya para "sentar cabeza" y al cabo de unos años formar una familia.

La llegada de mi hija dejó en evidencia lo desencaminado que iba mi plan. Creía que en esas supuestas 16 horas que duermen los recién nacidos iba a tener tiempo de sobras para descansar y traducir y máxime cuando mi marido cogió también una baja por paternidad para estar al pie del cañón. ¡Qué ilusa! La niña se despertaba infinidad de veces cada noche, daba igual que le diera el pecho, biberón, papilla, le aplicara el Estivill o practicara el colecho. No dormía, o por lo menos no de un tirón, así que su padre y yo nos arrastrábamos por la vida como almas en pena. Obviamente mis planes de traducir cómodamente desde casa se fueron al traste: no había forma de concentrarse y sacar un texto coherente en cachitos de dedicación de medias horas y luchando contra un sueño espantoso.

Por suerte, la interpretación me brindó un rayo de esperanza. Una colega amablemente me ofreció un par de conferencias cortitas y, como la interpretación hace fluir la adrenalina a tope, vuelves a poder concentrarte y cuando estás interpretando estás, pues eso, interpretando, y no cabe pensar en nada más. La verdad es que viene estupendamente bien esa pequeña desconexión de un mundo dominado por el bebé y te permite olvidar, por lo menos por un ratito, que en realidad no eres más que una nevera andante. Convencer a los funcionarios de la Seguridad Social de que me volviesen a dar de alta a las 5 semanas fue otra cosa: no les entraba en la cabeza que no fuera a aprovechar las maravillosas 16 semanas con una prestación de 600 eurillos escasos (a los que había que restar la cotización). ¡Qué mala madre, vas a salir de casa unos pocos días al mes durante unas horas dejando al bebé con su padre! rezaba su actitud.

El día que me llegó ya un trabajo de jornada entera, la logística se me complicó, ya que, al darle el pecho, tuve que escoger entre recurrir al sacaleches (¡¡¡Uffff!!!) o que mi marido me acercara a la peque al mediodía allá donde estuviera trabajando y buscar un rincón tranquilo y discreto donde darle de mamar. Una colega afirmó que eso era de lo más normal, que quién no había tenido que contar con que su marido/madre/suegra le trajera el bebé para no tener que dejar la lactancia. Esta opción desde luego era la que me resultó más cómoda, aunque no sé si el padre opinaba lo mismo cuando daba vueltas con ¡una niña muerta de hambre berreando en el coche! En fin, esta dinámica funcionó bastante bien, ya que al fin y al cabo, tampoco hay congreso todos los días.

Con la llegada de mi segundo hijo, ya llevé la cosa un paso más allá. Coincidió con la Expo de Zaragoza, en la que AIB junto con AIM, nuestra socias de Madrid, éramos los proveedores oficiales de la interpretación. Los pródromos del nacimiento del peque y de la Expo prácticamente coincidieron en el tiempo, y así, con escasos meses de vida, el recién llegado se convirtió en un bebé viajero, Ave para arriba y Ave para abajo entre el Camp de Tarragona y Zaragoza. Contaba con una canguro muy maja en Zaragoza que era mi salvación (y de la de un par de colegas más) cuando no me podía acompañar ningún familiar. Por suerte, el peque dormía bastante mejor que su hermana, así que no nos echaron a altas horas de la madrugada de un hotel por despertar a todo el personal...algo que en sí ya me quitaba el sueño.

De todas estas experiencias puedo sacar las siguientes conclusiones:
[if !supportLists]· Trabajar desde casa no es la solución mágica para la conciliación laboral y familiar, o por lo menos no durante los primeros tres o cuatro años, más bien todo lo contrario. Es cierto que tienes más “libertad” para organizarte, pero a menudo el niño te marca y acabas teniendo que reducir tu rendimiento y, en consecuencia, tus ingresos.

· Si alguien te echa una mano, se puede continuar con la lactancia materna durante el tiempo que se quiera.

· Los niños, por alguna extraña ley, si están con su madre se despiertan mil veces por la noche y si ésta está de viaje duermen toda la noche de un tirón. Esto está corroborado por otras madres.

En fin, animo a los que todavía no tengáis hijos a que os lancéis a esta maravillosa aventura...pero tened claro que cada niño es un mundo y que las cosas nunca van a ser como nos las imaginábamos.

¡Felicidades mamis (y papis)!

2 comments:

  1. Muchas gracias por tu entrada. Estoy en el proceso de reincorporación laboral como traductora/intérprete autónoma después de haber tenido a mis dos hijos y estoy más perdida que un pez fuera de su pecera. De verdad, leerte ha sido sentir una palmada en el hombro.

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  2. Querida Alaine, me alegro mucho que te haya gustado. A veces va bien compartir experiencias y darte cuenta que much@s hemos pasado por lo mismo. Aunque los primeros años son durillos y hay que hacer muchos malabarismos, poco a poco se hace más llevadero, y ¡la sonrisa de un niño lo vale todo! Un abrazo fuerte :-)

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