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Sunday, December 20, 2020

Profesionales y Estupendos

 Por Patrícia Lluch, AIB

Nueve meses después del inicio oficial de la crisis de la Covid-19 han cambiado tantas cosas en nuestras vidas y en nuestro trabajo que casi hemos perdido la cuenta: la enfermedad y sus tristes consecuencias, días y días confinados en casa, niños sin cole, comercios cerrados y semanas enteras sin trabajar, dándole vueltas a cómo iba a ser nuestro futuro. De hecho, ¿íbamos a tener un futuro?

Afortunadamente, parece que sí. Salta a la vista que el inmediato ha resultado ser digital, aunque tenemos la esperanza de que en algún momento recupere una parte de su presencialidad. ¿Quién nos iba a decir que en tan poco tiempo nos íbamos a acostumbrar a una forma de trabajar que hasta hace nada nos inspiraba una cierta sorna? Pues ahí estamos.

No sé si atreverme a decir que después de unos meses probando sistemas y participando en sesiones específicas para AIB de las principales plataformas de interpretación remota, la parte técnica ya la tenemos más o menos controlada. Todos sabemos que necesitamos unos buenos auriculares con micrófono, un ordenador moderno, un cable de última generación y una conexión a internet potente. Así, grosso modo.  Aunque después resulte que el vecino del tercero decida echar al suelo un baño el día de tu primer trabajo en RSI y tengas que arrastrar todo tu precioso material por el piso huyendo del estruendo. Caso real.

Pero, ahora que el asunto técnico ya está más o menos dominado, lagarto, lagarto... ¿Nos hemos planteado cuál es la "etiqueta Zoom"? ¿Qué impresión estamos dando a nuestros clientes en todo aquello que tiene que ver con nuestra "presencia" profesional en esa reunión, pero no atañe propiamente a la interpretación?

No tengo yo la sensación de que nos lo hayamos planteado mucho, la verdad. De hecho, lo que veo en reuniones de trabajo con clientes o en reuniones con colegas, que, dado que también nos contratan, se pueden considerar también reuniones profesionales, es lo siguiente:

- Problemas de luz: insuficiente (no se ve la cara), contraluz (ídem), cenital (sombras muy poco favorecedoras y pelo que clarea), amarilla o de neón (¡argh!), luz azul de la pantalla y posiblemente reflejada en las gafas (¿dónde están los ojos?).

Dustin Smith

- Problemas de encuadre: frentes, muchas frentes (¿en serio, no nos miramos nunca para ver cómo salimos?); ángulos ascendentes de 45 grados o más, es decir primer plano de los orificios nasales y del maxilar inferior con sus correspondientes partes blandas -léase papada- y luego techo, meeetros de techo.

- Fondos inadecuados: excesivamente abigarrados, como por ejemplo una biblioteca, que podemos pensar que transmite una imagen intelectual, pero que al mismo tiempo distrae, dado que invita a quien nos ve a intentar descifrar los títulos que leemos (admitámoslo, la curiosidad porteril es una realidad); o demasiado personales y poco profesionales, como un dormitorio o una cocina, microondas incluido. Recientemente vi a alguien en un cuarto de baño -no me lo invento-, y en un momento dado la persona se inclinó y lo que había en una repisa eran dos rollos de papel higiénico.

- Vestimenta inadecuada: no se puede comparecer ante un cliente (no, en el mundo virtual, tampoco) en camiseta y sudadera estilo gamer. No toca, simplemente. El cliente que salga como quiera, que para algo es el cliente, nosotros correctos, por favor.

- Gesticulación y gestos inconscientes: si hablamos a la cámara no conviene gesticular demasiado porque existe algo llamado distancia del sujeto y una mano a 5cm de una cámara se transforma en algo muuy grande y cargante. Tampoco conviene que se nos vaya el santo al cielo y nos mordisqueemos las uñas, nos rasquemos, recoloquemos la tira del sujetador metiéndonos la mano en la blusa... Cuidado, que mientras tengamos la cámara puesta estamos en el aire. Todo el rato.

- Señoras y señores, la barba de dos días y las raíces blancas de un par de meses se ven. Y ahí lo dejo.

Ante este panorama poco alentador y dado que más allá de un sentido común básico no entiendo del tema, me he puesto a leer un poco lo que dicen otros que sí entienden.

La conclusión es que lo que deberíamos hacer para seguir dando a nuestros clientes una impresión profesional (y de paso salir todo los estupendos que podamos) en una videoconferencia o un trabajo en remoto es lo siguiente:

- Sentarnos ante ese ordenador con la misma actitud con que iríamos a una conferencia presencial. Igual de duchados y planchados, aunque un pelín menos vestidos: nadie espera que estemos en casa con americana y corbata, pero un polo o camisa bien planchados no son mucho pedir, ¿no? Para nosotras, un top bonito y vagamente formal quedará perfecto.

Cuidado con los estampados pequeños o rayados, que igual que en televisión harán un efecto moaré un poco mareante. Dicen los expertos que tampoco conviene vestirse de negro, porque resalta las ojeras, o ponerse colores demasiado brillantes o apagados, porque no favorecen. Aconsejan colores muy saturados tipo azul o verde.

- La luz tiene que ser frontal pero tamizada. Lo ideal es colocarse de cara a una ventana con un visillo claro. Si la habitación desde la que trabajemos es interior y no tenemos luz natural habrá que jugar con las lámparas disponibles para salir bien iluminados y conseguir así una buena definición.

Si así no lo conseguimos siempre nos queda la opción de comprar un anillo de luz y jugar con él cual preadolescentes tiktokeras hasta que encontremos la mejor iluminación posible. No se trata de montarse un estudio de televisión en casa, por supuesto, porque suficiente tenemos con lo nuestro, pero un anillo baratito tiene tres temperaturas de luz y diez intensidades y da muchísimo juego.

Hotandflashy

- Pasemos al encuadre, que debería ser más o menos desde las axilas y haciendo que en la pantalla tengamos un poco de margen por encima de la cabeza. Así los demás nos verán de un tamaño medio y seremos reconocibles. Los expertos aconsejan también subir el ordenador hasta que quede al nivel de la cabeza, o incluso levemente por encima.


- En cuanto a los fondos, los mejores para transmitir serenidad y profesionalidad son los neutros. Puede tratarse de una pared lisa con un cuadro que no distraiga, por ejemplo. Pero si no tenemos a mano un fondo así en casa o el salón está ocupado por el resto de la familia, que al fin y al cabo también vive ahí, podemos utilizar uno virtual.

Zoom ha reducido hace relativamente poco las especificaciones técnicas que hay que tener para poder usar fondos sin una pantalla verde. Ahora cualquier ordenador más o menos moderno nos servirá para ponernos un fondo virtual, pero cuidado, aquí de nuevo conviene elegir uno ni muy brillante (cansan la vista), ni muy apagado (saldremos tristones). Y nada de palmeras al viento, por favor, seamos serios. Hay montones de fondos gratuitos perfectamente correctos que se pueden descargar de internet.

- Un poco de maquillaje tampoco nos vendrá mal, pero tiene que ser ligero y favorecedor. Nada de lápices de labios rojo pasión. Colores suaves y luminosos. Según los que saben, y si nos vamos a poner pejigueros, incluso deberíamos eliminar brillos con una pasada de polvos. Aunque la verdad, para salir 10 minutos en Zoom y luego quitar el vídeo, casi es mejor explorar los Filtros de Vídeo/Efectos de Estudio (Beta) -es decir, maquillaje digital- que ofrece el propio Zoom. Si se eligen opciones moderadas dan el pego perfectamente. Pero atención, si los activamos hay que acordarse de no interponer la mano entre la cámara y la cara, porque el carmín y las cejas quedarán suspendidos en el aire delante de la mano y queda...muy rarito.

En fin, hasta aquí mi pequeño resumen de las principales ideas de los expertos sobre cómo salir profesionales a la par que razonablemente estupendos en una videoconferencia. ¡Espero que alguna os parezca interesante y os resulte útil! Y si no siempre nos queda apagar la cámara.


Wednesday, November 25, 2020

Somriures i llàgrimes

 por Mireia Bas, AIB

La interpretació de conferències és la meva professió, però les situacions més gratificants que he viscut com a intèrpret no s'han produït en un context professional. En recordo vívidament dues. Des del mateix moment en què es van produir, vaig ser conscient del seu valor no tan sols per a les persones a les quals vaig ajudar sinó sobretot per a mi.

La primera fa molts anys, en un país llunyà, on les meves investigacions filosòfiques em van portar als peus d'un savi –digueu-ne un guru, un mestre; jo prefereixo anomenar-lo el meu anti-mestre–, el nom del qual i per respecte al seu escàs interès en la fama, no diré aquí. 

Érem quatre gats, com si diguéssim –i tots esgarriats– els que freqüentàvem aquell savi atípic. Aquell dia potser érem una vintena, i semblava una multitud. Al meu costat seia un jove colombià amb qui vaig simpatitzar. Havia vingut des de l'altra punta del món cercant respostes, com tots els altres. Hi havia una cosa que el feia sofrir molt. Em demanà que l'ajudés amb l'idioma perquè volia plantejar una qüestió durant una de les sessions, que es feien en anglès. Amb molt de gust– li vaig respondre. Quan arribà el moment, vaig escoltar i traduir la seva pregunta, que més o menys venia a dir: "Inspirat pel meu mestre, he creat un centre de meditació al meu país i hi he introduït els seus ensenyaments. Durant anys he portat el centre amb devoció i entusiasme, fins i tot després que ell va morir. Però poc a poc, he sentit que aquesta flama s'apagava en mi, que repetia els mateixos gestos mecànicament. Això em deixa trist i perplex. Em sento perdut. Què m'està passant?"

Seguidament arribà la resposta que jo, que seia al costat del colombià, li anava xiuxiuejant a cau d'orella en llengua castellana. No desvelarem les paraules del savi, que m'arriscaria a trair intentant transportar-les des de tan lluny, en el temps i l'espai. Només vull descriure l'emoció que suscitaren en el seu receptor, que podríem resumir en una paraula: agraïment. Davant dels meus ulls vaig veure pintar-se sobre aquell rostre, que tan a prop meu tenia, l'impacte de cada frase, de cada paraula. Assentia amb el cap, sospirava, i jo podia notar a cada instant com el missatge transmès per la meva mediació li arribava directe al cor. Finalment vaig veure com li relliscaven galtes avall unes llàgrimes que fins a mi m'haurien fet plorar si no fos que estava amb tota l'atenció posada a interpretar aquesta comunicació que a través meu arribava des d'una ànima a una altra. Me'n va quedar una emoció profunda. Poder participar d'una situació com aquesta és un rar privilegi que sempre podré agrair a la vida. 

I ara parlem del segon episodi, un que no acaba amb llàgrimes sinó d'una forma ben diferent.

Un dia d'estiu de l'any 2002 em trobava en una geladeria del carrer Ferran, esperant que em toqués el torn per a demanar un gelat. Feia calor, l'establiment era molt ple. Els clients, un darrere l'altre, eren atesos per dues dependentes. Eren una noia jove i una dona madura. Les recordo molt bé, sobretot la més gran. Tenien trets forans, posat humil, pell torrada, ulls lleugerament estirats. D'on eren? No ho recordo. Al cap i a la fi no vam intercanviar gairebé cap paraula. Jo les observava mentre feia la cua i esperava el meu torn per a demanar un gelat de fruits del bosc i de xocolata negra. No gaire lluny, més endavant, hi havia uns turistes nord-americans: un home, una dona i dos adolescents. El pare de família acabava de pagar la comanda amb un bitllet. Tots estàvem encara poc avesats a fer servir euros i els turistes de l'altra banda de l'Atlàntic no eren cap excepció. El cas és que quan comença aquesta escena, o el que en recordo, l'home està mirant atentament el canvi que li ha tornat la dependenta. Alguna cosa no li quadra. S'exclama: Li he donat un bitllet de 100, m'ha de tornar 50 euros més! Bé... diu això, però en anglès. El posat de la dependenta més jove és de confusió. Potser no entén la llengua? Espontàniament intervinc en la situació i tradueixo les protestes del client a la noia. Després, la resposta d'ella al client: No senyor, vostè m'ha donat un bitllet de 50. El to del turista va in crescendo, es detecta crispació. Intueixo que té por, la por típica del turista que li estiguin prenent el pèl en un país llunyà i d'idioma desconegut. La dona que l'acompanya aventura: N'estàs segur que li has donat un bitllet de 100? Ell no vacil·la i parla d'anar a la comissaria a presentar una denúncia.

La dependenta de més edat intervé; de nou tradueixo les paraules del turista. Llavors ella, deixant la seva companya despatxant sola els gelats –hi ha molta cua–, fa girar una clau, obre la caixa, compta bitllets, prem algunes tecles... Ho fa en silenci, sense haver creuat una sola paraula amb el turista enfadat. Jo observo i conjecturo que la caixa registra cada operació, per tant és possible, fent el recompte dels bitllets i monedes que conté, saber si els comptes quadren. Es produeix un silenci tens a la geladeria. Miro de tranquil·litzar el pater familias: vostè no es preocupi, estan comptant i de seguida sabreu si hi ha un error; qui sap si no s'hi ha fixat prou i li ha donat un bitllet de 50; aquestes noies són immigrants, són gent treballadora i no els interessa de cap manera posar-se en problemes. 

Passa una estona. La dependenta ha acabat: tot quadra, no hi ha error, indica, i sense dir res més, segueix despatxant. Considero que el comportament de la dona és del tot professional, que no hi ha hagut estafa i així li ho dic al client. Naturalment pot presentar una denúncia si vol, li explico; hi ha una comissaria a prop (una manera subtil de dir-li que el país no és tan incivilitzat com ell potser es pensa) però és probable que la noia tingui raó. Després d'uns instants de vacil·lació la família abandona l'establiment sense preguntar on és la comissaria; el pare sembla resignat a admetre que potser és ell qui s'ha equivocat. Els veig marxar i de nou giro el cap cap al taulell, decidida a demanar el meu gelat. I llavors veig la cara d'aquesta dona de pell torrada, de petita estatura, d'aparença humil: els ulls li brillen, em mira i em dedica un somriure resplendent, sempre en silenci, sense dir res. No m'esperava aquesta mirada, que expressa un immens agraïment. La millor recompensa que he rebut mai per la meva tasca d'intèrpret.

Wednesday, October 28, 2020

Interpretación Remota en el Parlamento Europeo

By Edwina Mumbrú, AIB

Este mes tenemos el honor de ceder la palabra  a nuestra colega Elsa Michael, intéprete funcionaria del Parlamento Europeo, que en una carta nos narra sus experiencias y reflexiones sobre la interpretación remota en en esta Institución. ¡Gracias Elsa!

QUERIDOS COLEGAS DE AIB:

A algunos de vosotros pude veros hace unos meses por ZOOM en la reunión conjunta de cabina ESP. Deseo de todo corazón que esta terrible pandemia remita y podamos encontrarnos de nuevo, en Bruselas, Estrasburgo o dónde sea, pero sin mascarilla e interpretando como antaño, teniendo a nuestros oyentes presentes en la misma sala.

En aquella reunión por videoconferencia, resumí brevemente las impresiones de interpretar en el Parlamento Europeo con la nueva plataforma de interpretación remota, pero hoy - varios meses más tarde - puedo añadir más matices a mis observaciones que deben entenderse a título meramente personal.

Quizás convenga añadir de antemano, que siempre me ha interesado en si el tema de la interpretación a distancia. En todo caso, cuando se realizó el macro-experimento de IAD en el Parlamento Europeo hacia el año 2003, fui voluntaria y conejillo de indias de la cabina ESPAÑOLA, junto con Esther COMELLAS y Diego GARZON. Aquel montaje de “remote interpretation” duró 3 semanas, y las conclusiones científicas de los expertos de MERTENS&HOFFMAN fueron tan severas, que el posterior acuerdo interinstitucional UE de Interpretación a Distancia acabó, tras arduas negociaciones, concediendo toda una serie de garantías técnicas y laborales para nuestra profesión.

Desde que entró en vigor ese acuerdo IAD y hasta hace poco, las ocasiones de invocarlo se contaban en el PE con los dedos de una mano. Hasta que en marzo 2020 llegó el confinamiento por Covid y la introducción acelerada de la plataforma de interpretación remota a partir de abril con el fin de salvar un mínimo de actividad parlamentaria, sobre todo la de naturaleza presupuestaria en la que el PE es colegislador esencial.

La verdad es que al introducir DG LINC (ndlr. Dirección General de Interpretación y Conferencias del PE) la plataforma, tampoco se aplicó el procedimiento de consulta previa y las garantías de normas técnicas previstas en el acuerdo interinstitucional de IAD. No hubo tiempo. Había que evitar el colapso total de la actividad parlamentaria, y la situación era de patente excepcionalidad.

Estaba ya el proyecto de colaboración entre la plataforma con DG LINC en desarrollo - para superar la calidad cambiante y poco fiable de Skype durante la participación remota (y muy puntual) de oradores externos en comisiones parlamentarias - así que metiendo el acelerador de la urgencia desesperada pasó en tres semanas a la fase de ejecución anticipada.

El inicio no pudo ser más duro:

El mero hecho de salir a trabajar al PE mientras que Bruselas se había vaciado cual ciudad fantasma, y casi el 100% del personal parlamentario se encontraba en teletrabajo, ya intimidaba. Debíamos acostumbrarnos a las precauciones sanitarias (las mascarillas, los equipos de desinfección de cabinas etc...) que ahora ya son “rutina”. Al principio, todos los usuarios MEPs se encontraban en remoto y repartidos por toda la geografía europea. Cada uno de los usuarios con su propio equipamiento informático y una cobertura de internet a veces poco avanzada. Según la hora del día a la que se celebrase la reunión, y según estuviese la familia igualmente confinada de su señoría solicitando el wifi en actividades profesionales, escolares o de ocio paralelas, la conexión podía resultar desde aceptable, muy mediocre o desesperante, o sea imposible de interpretar.

En esa fase de rodaje, fuimos adaptándonos a todo tipo de situaciones, empezando por la del aislamiento físico con un intérprete por cabina, sin poder contar con la ayuda directa del colega para apuntar cifras, en caso de dudas acústicas etc., teniendo que comunicarnos los colega del mismo canal por WhatsApp o pegando una nota al cristal de al lado. El habitual intercambio de comentarios entre colegas durante los momentos de cierre de micrófonos, imposible por completo.

Los primeros meses resultaron pues muy incómodos, porque la mayoría de las reuniones avanzaban a trompicones:

1. entre rachas de conexiones viables y de interrupciones repentinas con mayor o menor frecuencia - que en muchas ocasiones terminaban con la suspensión parcial o total de la reunión en cuestión (y suponemos que para gran frustración de bastantes participantes deseosos, ya que sin conexión vídeo la consigna estricta es no interpretar conexiones solo-audio).

2. entre intervenciones de ciertos eurodiputados atentos a seguir las recomendaciones técnicas oficiales de DG LINC para mejorar la calidad del audio/vídeo, y un amplio número de participaciones en remoto cuya calidad audio/video era tan mediocre que la concentración necesaria para seguir los discursos se desvanecía por minutos.

3. entre escenas insólitas, visto que la videoconferencia te mete en lugares, oficinas u hogares ajenos, cuyo trasfondo animado puede distraer considerablemente.

El repertorio de anécdotas incluye la conexión de participantes en remoto desde un gimnasio, desde un coche (conduciendo o con chofer), montando en bicicleta, viendo a niños jugar y berrear al fondo mientras el progenitor participa en su reunión,... y perlas similares. Pero la palma absoluta se la llevó la intervención un diputado que apareció un día sin pantalones ante el fondo de una cama deshecha. Algunos testigos de la escena alegan que se adivinaba incluso una cabeza sobre la almohada del lecho. En el alud de comentarios en las redes sociales, los corresponsales españoles en Bruselas se rindieron ante la profesionalidad de nuestro colega JOSÉ SÁNCHEZ (cuya voz reconoceréis enseguida los que le conozcáis) capaz de contener el arrebato de hilaridad al encontrarse con semejante escena. En un comentario posterior acerca de la “viralidad” del vídeo en YouTube, el propio protagonista  defendió con desparpajo semejante aparición, alegando que se había puesto una camisa y que menos mal sus piernas están de muy buen ver.

4. A mí personalmente, lo que me descoloca mucho en las intervenciones remotas, es no sólo ver ciertas decoraciones “pintorescas” de fondo, sino descubrir - a veces en primer plano - la cara de los intervinientes. Potencialmente, esos descubrimientos del paisaje facial distraen mucho la atención.

Os ahorro en este relato los comentarios sobre lo difícil, penoso y frustrante que es interpretar a partir de un video/audio de calidad mediocre o mala, la lentitud de los reflejos interpretativos que eso implica, la incertidumbre al perder fragmentos verbales del orador durante una interferencia del sonido, el esfuerzo adicional ante diversos ecos o ruidos de fondo no filtrados, el desgaste cognitivo por mala sincronización entre audio y vídeo del orador, etc. Baste con decir que durante las primeras semanas, a lo sumo sólo una cuarta parte de las intervenciones ofrecían condiciones audio/vídeo “buenos” y exentos de interferencias repentinas.

Paso al capítulo de lo positivo:

El esfuerzo desplegado estos últimos meses por los servicios de DG LINC para ir eliminando problemas de conexión y de calidad audio/vídeo ha sido ingente. Un trabajo permanente y perseverante que lentamente ha ido dando frutos:

Aunque todavía la plataforma de interpretación remota no funcione de la manera deseada que nos satisfaga a todos los intérpretes, parece ser que mayoritariamente a sus señorías les conviene perfectamente. Muchos están incluso encantados, porque la intervención en remoto les ahorra los incómodos desplazamientos a Bruselas, y les ha hecho descubrir el don de la ubicuidad: el de quedarse en su circunscripción electoral y poder al mismo tiempo participar en sus comisiones parlamentarias en Bruselas.

Gracias a Dios, muchos usuarios han mejorado su infraestructura de internet en casa para poder disfrutar de una conexión más estable. Los reticentes a usar soportes Apple o Windows terminaron claudicando ante los imperativos técnicos. Muchos eurodiputados, que en la fase más crítica del confinamiento compartían su wifi en casa con la pareja teletrabajando y los niños en tele-escuela, con la subsiguiente pérdida de señal, decidieron programar sus conexiones con el PE, bien desde la oficina local del PE o de su partido, bien dotándose de un equipo más adecuado que les evitase los frustrantes cortes de conexión.

Al principio, el sistema permitía la participación de los MEPs que durante la fase más estricta de confinamiento y restricciones de viaje no podían acudir a Bruselas. Después de levantarse las restricciones de viaje para acudir a Bruselas, ha surgido entretanto un nuevo uso de la plataforma: la conexión desde el domicilio bruselense, o incluso desde el mismo despacho del PE - un par de pasillos más lejos de la sala de reunión. Aquí cabe puntualizar entre diferentes razones:

Si el participante en remoto es un funcionario de la CE que se encuentra en régimen de teletrabajo obligado, se entiende que ese día no vaya a su oficina. Que los Comisarios CE quieran intervenir desde su domicilio bruselense en lugar de venir al PE, gozando ellos de otro estatus, ni se discute. Suponemos que hay razones legítimas (médicas) que para algunos MEPs recomienden máxima prudencia y reducción de contactos físicos, pero ha proliferado igualmente la participación remota por mera comodidad personal, sin reparar en que la intervención presencial siempre será de calidad superior. Ahí tenemos todavía bastante labor de concienciación que hacer.

Paradójicamente, muchas intervenciones desde las oficinas del Parlamento Europeo no ofrecen la misma calidad audio/vídeo que una buena conexión desde casa. (Ídem desde las oficinas de la Comisión Europea).

El rastreo de las diversas causas de dificultad o calidad deficiente en la conexión remota continúa a fecha de hoy, incluyendo encuestas regulares entre los colegas para detectar quién, cómo y qué conexiones adolecen de qué fallos.

La medida más eficaz durante estos últimos meses a fin de mejorar la calidad del canal audio ha sido inculcarles a sus señorías que utilicen auriculares (no-inalámbricos) y no confíen únicamente en el altavoz de sus dispositivos electrónicos. El número de reticentes a usar auriculares ante el ordenador o tableta va descendiendo lentamente, sobre todo gracias a la perseverancia de los "moderadores" técnicos que en cada reunión asumen el papel de verificar antes de cada reunión con participantes a distancia las conexiones de cada uno de ellos, y de coordinar la ayuda inmediata que quepa en caso de desconexión o de interferencias. Algunos intérpretes funcionarios de cabinas menos solicitadas se han presentado voluntarios para realizar esas tareas de "moderador de la plataforma".

No es, desde luego, una tarea fácil. Los moderadores están de lo más expuestos también a sufrir los pitidos y ecos de la conexión cuando de repente chirría todo en el momento menos pensado.

Afortunadamente, la decisión inicial de nuestra dirección de limitar la duración de las reuniones en las que se prevé participación remota a máximo dos horas ha sido una medida justa y necesaria. También se nos ha concedido una limitación del número de horas semanales de trabajo en reuniones con participantes en remoto. Desde el principio de esta andadura, la delegación profesional de intérpretes funcionarios ha estado trabajando a destajo en defender nuestras condiciones de trabajo y el máximo respeto a los criterios de "salud y protección en el lugar de trabajo". La delegación no para de comunicar con el management de DG LINC señalando las deficiencias actuales del sistema y las garantías necesarias (limitación de tiempo de reunión, pausas mínimas garantizadas, máximos semanales etc...) para evitar que este sistema se lleve nuestras neuronas y nuestros oídos por delante.

Dicen que durante la pausa estival, la solución RSI se ha remozado de tal manera que resulta mucho más fiable y las conexiones de mejor calidad.

No me atrevo todavía a confirmar esta versión.

Nadie sabe cuántos meses más seguiremos dependiendo de esta plataforma pero nos resistimos a perder la ilusión por nuestra labor a pesar de las dificultades.

La experiencia creo que cambiará para siempre ciertas prácticas parlamentarias. El tiempo dirá...

¡Un abrazo cordial a todos!

Elsa


Monday, September 21, 2020

El Factor X (E)

 Por Lourdes Ramírez, AIB

Siempre me he preguntado qué es lo que convierte a un buen orador en un orador brillante, cuál es el ingrediente que hace que - en muy contadas ocasiones - un discurso sea memorable, nos conmueva, nos inspire, nos llegue al alma y recordemos durante mucho tiempo no sólo sus palabras y a quien las pronunció, sino también cuándo y dónde fue el evento, con quién estábamos y otros detalles.

A veces se trata de alguien que ya conocemos y a quien admiramos y en otras ocasiones es un perfecto desconocido. En ese caso la emoción es aún mayor por el efecto sorpresa.

Sobre el arte de la oratoria ya escribió Sócrates en el siglo IV a.C. y ha evolucionado enormemente a lo largo de los siglos. En la actualidad son legión los libros, cursos y vídeos donde se dan consejos sobre cómo construir un buen discurso, cómo hacer llegar el mensaje de manera clara, convincente y, sobre todo, amena.

Resumiendo mucho, hay que conectar con la audiencia; proyectar confianza en sí mismo; transmitir convicción (o mejor aún, pasión); ceñirse a 1 o 2 ideas-fuerza, dando ejemplos; repetir los conceptos clave; no usar un lenguaje farragoso; intentar contar una historia más que dar una clase magistral; ser uno mismo; introducir toques de humor si el tema lo permite; ser breve; enunciar bien; evitar las muletillas; hablar a un ritmo ni muy rápido ni demasiado lento ... y todo esto con el tono de voz, la postura y el lenguaje corporal apropiados.
 
Pero la inmensa mayoría de discursos que se ciñen a estas pautas, o sea, que están bien construidos y correctamente pronunciados, sólo consiguen que mantengamos el interés o la atención hasta el final -lo cual ya es mucho, se podría decir-, pero nada más. Pronto nos habremos olvidado del tema que trataban y de la persona que los ha pronunciado.

Entonces ¿qué es eso que convierte algo bueno en algo extraordinario? ¿La inspiración? ¿El carisma? ¿La fuerza interior?

En busca de ese factor X me dediqué a ver y escuchar la práctica totalidad de intervenciones de la Convención Nacional Demócrata del pasado mes de agosto. Por allí desfiló durante 4 días lo más granado del partido y también algunos miembros del partido rival: anteriores presidentes, senadores, gobernadores, alcaldes, ex altos cargos, candidatos de anteriores contiendas, dos ex primeras damas, amén de los dos aspirantes a los cargos de Presidente y Vicepresidente y familiares suyos. Por otro lado, intercalados con ellos, intervinieron una serie de ciudadanos de a pie que también tenían su granito de arena que aportar.

Pues bien, todas las figuras del primer grupo (la flor y nata del partido) estuvieron a la altura, es decir, sí cumplieron los requisitos de la oratoria actual y en general resultaron convincentes. Faltaría más, tratándose de políticos avezados con muchísimas tablas, curtidos en mil debates y con los mejores asesores a su disposición. Además, no había ocasión más importante para lucirse que esa. Sin embargo, en mi humilde opinión, ninguno deslumbró, ninguno inspiró, ninguno dejó huella. En ningún momento asomó ese raro elemento que lo cambia todo.

El que más se acercó (y en eso coinciden varios analistas norteamericanos) fue un adolescente de 13 años, para más señas tartamudo y con aparatos de ortodoncia, que sin ninguna experiencia en estas lides habló durante unos minutos de su discapacidad, del futuro, de que los obstáculos no tienen por qué ser impedimento para llegar lejos y de por qué él cree que Joe Biden puede ser un buen Presidente de los Estados Unidos. De pie en su habitación, sujetando un papel tamaño XL, su presencia y su sonrisa llenaban la pantalla. Me impactaron su valentía, su frescura, su autenticidad, su optimismo y su aplomo para continuar con el discurso a pesar de encallarse hasta 4 veces por su tartamudez. Para mí, eclipsó a todos los políticos profesionales con décadas de práctica y fondos estudiados a sus espaldas hablando aparentemente sin muleta alguna.

Se llama Brayden Harrington y es de New Hampshire.

¿Cómo es posible que el discurso un chico de 13 años impacte más que el de los que dominan las técnicas de la comunicación? Pues quizás porque nada puede competir con un mensaje que llega al corazón. Da igual que quien lo emita sea inexperto, (outsider) y a primera vista vulnerable. Tal vez habría que hablar más bien del factor E, E de emoción. Algo me dice que Brayden Harrington tiene un brillante futuro como orador, quién sabe si también como político. Desde luego tiene el factor E y todo lo demás lo puede aprender.

https://www.youtube.com/watch?v=Id12d8clg_o

Wednesday, August 26, 2020

Musings on language and post-Covid communication

By Martha Hobart, AIB

Daniel Lobo - Daquellamanera.org

Where did language come from? 

There is endless speculation on how humans developed language. Do an internet search on the origins of language and dive into any of the rabbit holes that turn up. Most modern theories are based on the idea that it followed some sort of evolutionary path, starting with physical adaptations in humans that made language possible. Divine origin was even in vogue at one time.

This line of thought asserts that language began when humans started using sounds (some folks call them grunts) to indicate objects around them, sometimes associating the sounds with gestures. From there it followed an evolutionary path that wound through various fanciful ideas and speculations.

But for some thinkers this wasn’t a satisfactory explanation for how we got from grunts and gestures to the abstractions that modern languages deal in.

As English philosopher and philologist Owen Barfield explained in 1977, the evolutionary approach is based on an assumption dating from the 18th century that primitive humans were mindless animals incapable of understanding immaterial and abstract concepts, an idea later made more concrete by Darwin in his theory of evolution. In other words, said Barfield, the evolutionary model is based on the idea that “the first words uttered by primitive man must have been mere signs for the physical objects and events by which he was surrounded”, and that other types of meaning in language “could only have been imported by using those simple signs later on as metaphors” or using these signs to express some immaterial content of which humans were “in some mysterious way beginning to become aware”.

The Romantic theory

There is another approach, known as the Romantic theory, which Barfield supported. 

According to an essay written by psychotherapist, writer, philosopher and philologist Mark Vernon, Barfield was convinced that that “Words have soul. They possess a vitality that mirrors the inner life of the world”. He felt that the first words of humans did not refer solely to things nor were they mere symbols. “They always seem to have had both physical and inner meanings,” he asserted, because early humans had a different view of nature than we have today. 

Barfield was building on the ideas of people who went before him, such as John Locke, Ralph Waldo Emerson, Max Müller, Anatole France, Jeremy Bentham, among others. Bentham held that there was what he called an “immaterial vocabulary”, which included material meanings, “which were then extended by metaphor”.

In other words, the evolutionists got it backward.

This entire debate is interestingly and lengthily set out in Mark Vernon’s essay.

What the post-Covid world is looking like: The “new normal”

Now that we know(?) where language came from, where might it be going in the post-Covid era?

The “new normal” in the world of conference interpreting means remote/distance interpreting. Remote interpreting has been with us for many years but has now taken on a new meaning and is quite different from what it was in the past.

Photo by Kyle Glenn on Unsplash

Simultaneous interpretation is a complex process involving more than language skills and technique, which we won’t go into here. There are other factors that interpreters rely on when they listen to a message in one language and convey it to their audience in another, such as body language of speakers, a good view of projection screens and activity in the conference room, good sound quality, booths that meet ISO standards, on-site sound technicians and more.

All of these factors have been turned upside down in post-Covid times. In the past remote interpreting meant that everybody was present in the conference room except the interpreters, who were placed in a separate room at some distance from their audience which was visible only on a closed-circuit monitor, if at all. But at least the team was together.

Now everybody is scattered hither and yon and all communication relies on the internet. Many of the resulting issues can be resolved by technological improvements, but the cognitive load on interpreters has increased enormously. Coordinating with fellow team members by chat. Managing the features of the platform or software we are using. Doing it all while interpreting.

And the all-important visual cues are no longer available to us in the same way as with on-site interpreting or perhaps not at all. So how do we manage this? We are in a time of transition and perhaps learning how to use language differently in a world of remote communication. 

Can we go deeper into the subtleties of language to find ways of picking up body language, so to speak, through a speaker's voice? In other words, using sound cues rather than visual. Can we learn to see the clues usually given to us by body language in facial expressions alone? In a speaker’s eyes? 

How can we use other senses to pick up clues about what is happening in a conference setting when all we have are views of individual faces? Sometimes partially covered by masks. If we want a wider view of the room we need a second screen — or more.

Are we entering a new stage in the development of language? In the post-Covid world and our reliance on remote communication, we have lost our traditional references to many of the visual cues that have traditionally been so important to us.

This is also the great stumbling block of using artificial intelligence for translation and interpretation, which has advanced beyond the early dictionary-only approach but still hasn’t found a way to interpret body language via words. Human communication is full of subtleties, both verbal and physical. Political discourse, to give one example, is a minefield of linguistic subtleties that an interpreter must navigate. How can AI handle this? But that's a different story.

Change is complicated. Ideally, in the not-too-distant future we will be able to return to in-person simultaneous interpreting, although most likely remote interpreting will still be with us.

AIIC has information and guidelines for distance interpreting which can be found here (scroll down to the section on Remote Interpreting): https://aiic.org/site/world/about/profession/guidelines

Here’s an interesting interview with a linguist who was called in as a consultant for a science fiction film, “Arrival”. An important aspect of the film was how the characters attempted to communicate with the extraterrestrials — in other words, learn their language. It gives us a good idea of the subtleties involved in languages that people are often unaware of. 

Friday, July 24, 2020

AIB y el MUIC de la UAB – la enseñanza de la interpretación de conferencias en remoto

Por Guiomar Stampa, AIB
remoto, ta
Del lat. remotus, part. pas. de removere 'retirar, apartar'. 
1. adj. Muy lejano. Una aldea remota. Tiempos remotos.
2. adj. Que no es verosímil, o está muy distante de suceder. Peligro remoto.
3. adj. Dicho de algo como una idea o una sensación: Vago o impreciso.
estar remoto alguien
1. loc. verb. Estar casi olvidado de algo que supo o aprendió.
RAE

En su artículo Interpretación remota, traducción simultánea a distancia, online, en streaming, plataformas, intérpretes con Zoom del blog de junio de 2020, nuestra socia Pilar García Crecente ya nos hablaba de interpretación simultánea a distancia o remota. Debo confesar que lo de interpretación a distancia, traducción simultánea remota, RSI en sus siglas en inglés son términos que me cuesta incorporar a la profesión de la interpretación de conferencias. Es cierto que es la forma de describir un servicio de interpretación en el que el intérprete se halla en un lugar diferente del lugar del evento. Es trabajo en remoto, como el que han tenido que hacer numerosos profesionales en todo el mundo con la COVID19. Sin embargo, las acepciones de la RAE de la voz remoto no podían distar más de lo que hacemos.

Aun trabajando en remoto, la interpretación remota permite acercar a las personas. Al facilitarles la comunicación de forma verosímil, ya que el trabajo de los intérpretes en buenas condiciones de sonido sigue siendo riguroso y veraz, igual que siempre. En modo alguno es impreciso o vago, como en la tercera acepción del término en la RAE. Así que, cuando hablamos de interpretación remota habrá que entender el término remoto únicamente en el sentido espacial.

Pero vayamos al título de este artículo. En el blog del mes de mayo de 2019, hablando del programa de mentoring entre AIB y el MUIC terminaba diciendo:

Si logramos que los jóvenes intérpretes empiecen su andadura sin tantas incógnitas, con menos zozobra y sintiéndose algo más acompañados que nosotros en su día, todos ganamos. Ganamos AIB, el MUIC y los estudiantes, que son los protagonistas de esta historia.

Pues poco menos de un año después, nos vimos en el MUIC con el curso mediado, a cuatro meses de unos exámenes finales que nadie sabía cómo organizar (si en formato presencial o no presencial) y con unos estudiantes confinados en la recta final de una durísima formación de dos años y el programa de mentoring a medio gas por la imposibilidad de contacto social entre estudiantes y mentores.

Así que, a la vez que nos poníamos manos a la obra con las diferentes herramientas de interpretación a distancia, con sesiones de formación para explorar las mejores opciones, algunos de nosotros tuvimos que hacer lo propio, pero adaptado a la docencia.

La formación de intérpretes a distancia ya cuenta con algunas universidades que llevan ofreciéndola algunos años. No es el caso del MUIC de la UAB, de modo que partíamos de cero y con poco tiempo de reacción.

Tuvimos la suerte de tener unos estudiantes ya avezados en la práctica autónoma, de contar con docentes que pudimos ofrecer una dedicación mayor de la habitual al estar confinados en casa y con la enorme generosidad de los intérpretes de cabina española del SCIC, el servicio de interpretación y organización de conferencias de la Comisión Europea, que nos acompañaron en numerosas sesiones de formación durante las semanas de confinamiento. Justo lo que necesitaban los estudiantes, sentirse acompañados y bien dirigidos para llegar con energía y muy preparados al examen final.

Si alguien me hubiera dicho en enero que los exámenes serían en Zoom y que todo iba a salir bien, no me lo habría creído. Pero sí, así fue.

Es cierto que no hay nada que pueda sustituir todo lo que nos ofrece el contacto humano en las distancias cortas. La información que nos llega de nuestro interlocutor, ya sea un estudiante o nuestro orador, es insustituible por buena que sea la plataforma de interpretación remota o sesión de formación a distancia. Nuestra labor docente o de interpretación se hace mejor en la presencialidad, no hay duda de eso.

Pero en los tiempos que corren es un gran alivio saber que podemos seguir formando a nuestros jóvenes intérpretes, que podemos seguir acompañando a nuestros clientes en sus necesidades de comunicación gracias a las buenas tecnologías.

Mientras esperamos volver poco a poco a eso que venimos a llamar la nueva normalidad.

Sunday, June 28, 2020

Interpretación remota, traducción simultánea a distancia, online, en streaming, plataformas, intérpretes con Zoom

Por Pilar García Crecente, AIB


Se le llama de múltiples maneras y su uso ha corrido como la pólvora en estos tiempos inciertos de pandemia. Aunque nada puede sustituir la cercanía, la presencia, los gestos o las miradas que acompañan las palabras y las dotan de mil matices distintos, la absoluta imposibilidad del acercamiento físico por la COVID nos ha llevado a dar brillo y esplendor a las herramientas que nos proporciona la bendita tecnología y lanzarnos de cabeza a lo online.

Existen varias situaciones y modalidades de interpretación simultánea a distancia o remota y nuestra experiencia en AIB se ceñía sobre todo a televisión, retransmisiones deportivas en streaming, entregas de premios o alguna que otra ¡intervención quirúrgica! Donde, claro está, los intérpretes no se encuentran físicamente en el mismo espacio que los ponentes o los participantes.

Ya desde los primeros días del confinamiento algunos de nuestros clientes vieron claro que era más importante que nunca reforzar los vínculos dentro de la empresa o de la entidad. Querían verse, comunicarse,  reunirse y no permitir que el aislamiento físico les impidiese seguir sintiéndose parte de un grupo, de una gran organización. Así que, manos a la obra, AIB con ellos, todos remando juntos.

Durante semanas, las circunstancias solo permitían trabajar desde casa y desde el primer momento en AIB, empezamos a analizar y probar las plataformas para interpretación remota existentes; tienen características muy distintas y conocerlas a fondo nos permite aconsejar bien a los clientes en función de sus necesidades.

Además de sacar provecho a Zoom con su opción de interpretación a distancia, realizamos pruebas, organizadas exclusivamente para AIB, con distintas plataformas de interpretación remota como Voiceboxer, Olyusei, Kudo o Interactio. Nuestros clientes saben que conocemos las especificidades de cada una y que les brindamos un asesoramiento  profesional y completo.

Todo este aprendizaje no estaría completo sin todo el conocimiento relativo a las limitaciones, los requisitos técnicos en interpretación remota para que todo vaya sobre ruedas, y, sobre todo, la atención a la salud de los intérpretes cuando trabajamos a distancia.
Nuestra asociación internacional y su comisión técnica trabajan intensamente en ello y nos proporcionan información contrastada. Desde consejos y mejores prácticas durante la pandemia hasta como cuidar de nuestra salud.

Decía al principio que nada puede sustituir la cercanía, la presencia, los gestos o las miradas; es cierto, pero creo que nunca me he sentido más próxima, más acompañada, más respaldada y más orgullosa de pertenecer  a AIB que durante estos meses en los que no podía moverme de casa.