Specialists in oral translation services

Sunday, June 7, 2015

Normal: Protocolo e interpretación


 por Patrícia Lluch, AIB
Intérprete de conferencia y 
Máster en Protocolo y Relaciones Institucionales

Se me ha pedido que en este artículo de nuestro blog de AIB trate la relación entre protocolo e interpretación, por ser una relación no siempre fácil y para la cual sería provechoso que ambas partes tuvieran un conocimiento general del trabajo de la otra.

Si os parece, empezaremos por el principio y examinaremos brevemente los conceptos relativos al protocolo que convendría tener claros en este triángulo de protocolo - acto - intérprete.

Por un lado, el protocolo, en contra de la creencia general, no es una disciplina glamurosa que permita a los profesionales del sector ir de acto en acto, elegantes e ideales, codeándose con los poderosos y famosos.

Muy al contrario, el trabajo que les corresponde es minucioso, laborioso y -si todo va bien- a la sombra, punto este último en que coincide con el del intérprete. Si el profesional de protocolo sale en las noticias es que algo ha salido muy, muy mal: véase como ejemplo la metedura de pata de un funcionario de protocolo durante la visita de los entonces Príncipes de Asturias a Perú.

Los profesionales del protocolo, igual que los de la interpretación, dependen de que su cliente les ponga las cosas más o menos fáciles al hacer su trabajo: de nada sirve la mejor escaleta de protocolo del mundo (documento en que se describe el acto minuto a minuto, como quien dice) si después resulta que la autoridad de turno decide que, en vez de dedicar 15 min a una entrevista con el escritor X antes de pronunciar una conferencia en otro sitio, va a dedicarle 45 min porque le encantó su última novela. Y ahí se las den todas.

La consecuencia son coches bloqueando la calle, personal de seguridad nervioso, público impacientándose, canapés secándose (e intérpretes cuyo horario por contrato no se va a cumplir)... Por no hablar del daño que este tipo de comportamiento puede hacer a la imagen de la institución a la que representa la autoridad. Así las cosas, no es de extrañar que los profesionales de protocolo responsables del acto tengan los nervios a flor de piel.

Por otro lado, el concepto de protocolo se suele mezclar con el de ceremonial y el de etiqueta, que si bien es cierto que son afines, no son lo mismo: según Francisco López-Nieto ceremonial es una palabra cuyo uso es anterior al de la palabra protocolo (que no empezó a utilizarse hasta la segunda mitad del siglo XX) y que englobaría una “serie o conjunto de formalidades para cualquier acto público o solemne”.

El protocolo sería “el conjunto de normas – decreto o costumbre- establecidas para que se cumpla el ceremonial de los actos públicos organizados por el Estado o una entidad pública”.

Y la etiqueta correspondería “al ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se deben observar y guardar en las casas reales y en actos públicos solemnes” y, por extensión, la “ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares o en actos de la vida privada a diferencia de los usos de confianza o familiaridad”.

Por ejemplo, saber que en una boda a las doce del mediodía el novio no puede ir de smoking y que la única mujer, además de la novia, que puede ir de largo es la madre del novio, es una cuestión de etiqueta. Como también lo es saber que el chaqué es un traje de día, y que la pamela es un accesorio que no es necesario quitarse ni en la iglesia ni para comer. Con la salvedad de que el diámetro no debe superar el ancho de los hombros, a riesgo de correr a pamelazos a nuestros sufridos vecinos de mesa, claro...

En cambio, tocar a Isabel II es un error de protocolo.

 Así pues, en conclusión, lo que distingue al ceremonial y a la etiqueta del protocolo es que este está integrado por normas de obligatorio cumplimiento.

¿Y cuáles serían esas normas? Pues bien, hay dos tipos. Por una parte están las que tienen rango de ley, como pueden ser la Constitución y los Estatutos de Autonomía, entre otras; y por otra las que tienen carácter reglamentario, como el Real Decreto 2099/1983, por el cual se aprueba el Ordenamiento general de precedencias del Estado (¡importante!), u otras normas reglamentarias sobre tratamientos honoríficos, títulos nobiliarios y órdenes civiles y militares.

Valga decir que estas normas de protocolo solo son de aplicación en actos públicos oficiales, es decir, aquellos organizados por la Corona, el Gobierno del Estado, la Administración del Estado, las Comunidades Autónomas o las Administraciones locales.

En los actos de carácter privado o público no oficial (convenciones empresariales, desfiles de moda, bodas, actos deportivos, congresos, inauguraciones, festivales musicales, concesiones de premios etc.) se aplicará lisa y llanamente el principio de que quien organiza, manda.

Dicho esto, cuanto más formal sea el carácter de un acto privado o público no oficial, sobre todo si se invita a autoridades, más habrá que regirse por las normas del protocolo oficial. Por dos razones: una, porque, si invitamos a nuestro acto a una autoridad, es una cuestión de cortesía asignarle a ese invitado de honor un lugar preeminente; y dos, porque, si no lo hacemos, probablemente no vendrá y nos vamos a quedar sin el lustre y el eco mediático que nos habría dado su presencia (¡y sin el ROI!). Así pues, sea por cortesía, por interés o por ambas cosas, lo que acabaremos haciendo es aplicar la norma y colocar a nuestra/s autoridades invitadas en el lugar que según el ordenamiento de precedencias les corresponde y les cederemos la presidencia, la clausura del acto etc. 

 Este ejercicio de aplicación del ordenamiento de precedencias -que al fin y al cabo no es más que una lista numerada- puede parecer muy fácil, pero en ciertas situaciones puede resultar un terreno minado, dado que en el territorio de las comunidades autónomas se produce un conflicto entre la normativa protocolaria autonómica y la estatal.

Me explico: en caso de asistencia de autoridades del estado a un acto en el territorio de una comunidad autónoma tiene primacía la norma de rango superior, es decir, la estatal. Esto causa no pocas tensiones e incluso conflictos públicos que pueden ser aprovechados políticamente según las conveniencias de cada uno. Valga como botón de muestra el supuesto “plantón” de Artur Mas a la vicepresidenta del gobierno en un acto de Foment del Treball en 2013.                                 
  ¿Y el intérprete, qué lugar ocupa en todo este marasmo de precedencias y normas? Pues como es natural no ocupa absolutamente ninguno, dado que no ostenta cargo y por lo tanto no goza de ninguna precedencia. Normal.

Lo que ya no lo es tanto es que, si una autoridad tiene que estar acompañada de un intérprete porque es imprescindible para alcanzar el objetivo comunicativo del acto, el pobre colega tenga que abrirse paso a codazos entre una nube de acólitos para meterse en el ascensor con su cliente. O que tenga que jugarse el físico para poder coger el coche que sigue al de la autoridad. Y todo ello simplemente porque a alguien se le olvidó que habría un intérprete.

El intérprete es un profesional imprescindible en ese acto y como tal debería ser tenido en cuenta por los miembros de los departamentos de protocolo. No pedimos alfombras rojas, sino simplemente poder hacer nuestro trabajo sin más obstáculos de los necesarios. Normal.

Afortunadamente, también hay anécdotas simpáticas, como la que me contaba hace poco un querido colega del Parlamento Europeo, que trabajó para la Canciller Federal Angela Merkel en una cena. En el momento de sentarse a la mesa la Canciller le dijo jovialmente: “Venga, joven, venga aquí a mi lado, que yo a usted le necesito”.

A ojos de un profesional del protocolo, el mejor intérprete es aquél al que sólo se le ve (poquito) cuando está interpretando. El intérprete ideal es aquél que hace esto y además huye de las cámaras como de la peste. El peor intérprete es aquél que sale en la foto entre el anfitrión y el invitado, “¡patataaaa!”. Normal.

En resumidas cuentas, que como casi siempre en esta vida, con respeto, sentido común y buena disposición por parte de todos, las cosas salen bien. Normal.


Para quien quiera profundizar en el tema:

José Antonio de Urbina, 2001. El gran libro del protocolo. Temas de Hoy.
Francisco López-Nieto y Mallo, 2012. Honores y protocolo. Wolters Kluwer.
Tratamientos protocolarios en Cataluña:
Uso de banderas en Cataluña:
Qué me pongo, C/ Paris 157, Barcelona; www.quemepongo.es



Tuesday, May 5, 2015

Communication among the Deaf/La comunicación entre los sordos




We live in a world in which we are more and more aware of languages and the differences between them.

It is most common to think of spoken languages and we forget that there are people who use non-spoken languages and communicate with gestures. These are "sign languages", that correspond to different spoken languages and, just as there are dialects and variants of spoken languages, the same occurs with sign languages.

Today we will go into the world of the Deaf and learn about how they communicate among themselves and with hearing people. Our guide is Elena Sanz, a young Spanish deaf woman who communicates mainly via sign language although she grew up in a world of hearing people and learned to express herself orally as a child.

The conversation took place with the aid of Gloria Gascón, a sign-language interpreter.

Elena was born totally deaf because her mother had the measles during her pregnancy; there are no other deaf people in the family, and she learned to speak with her mother's help. Sign language was not well known in Spain when she was a child and she communicated verbally in school, although with difficulty. She read lips and was assisted by her teachers and the school's speech therapist.

When she was in the eighth grade her mother discovered sign language and Elena began to learn it.

She studied to become a nursing assistant without the aid of an interpreter. Today deaf students can be accompanied by interpreters at school, especially in secondary and higher education.

She is very much aware of the difficulties deaf people face from her own experience; nevertheless, in her own words, she is happy with her life.

Gloria maintains close ties to the deaf community in Spain through her different professional facets: Catalan and Spanish sign language interpreter and interpreter-guide for the deaf and blind. She is also a speech therapist and special education teacher.

Types of communication among the Deaf

In general, we can speak of three means of communication among the Deaf: oralism, sign language and cued speech.

Oralism is spoken language. Deaf children learn to speak like any baby by associating an object with a speaker's lip movements instead of associating it with a particular sound. If this connection is lacking, the deaf person sees only the lip movements but does not know what they mean.

They usually learn to speak at a younger age than hearing babies. A four-month-old deaf baby can "speak" by signing simple words. Babies also invent their own signs, such as "Mama", "Papa", etc. Many deaf people grow up as oralists and later learn sign language.

Some deaf people reinforce their oral language with a system of manual gestures known as cued speech, which helps overcome problems of ambiguity in lipreading.

Humans have always used gestures to communicate and it was natural for them to become an important means of communication for deaf people. Simple gestures evolved into sign language, which has a rich grammatical structure of its own characterized by the configuration of the hands, their movements, orientations and spatial location, and other non-manual elements such as lip, facial and tongue movements. Some signs are iconic representations of objects, actions or people and others are arbitrarily defined to express feelings and other complex concepts.

The world of sign languages is as complex as that of spoken languages. A sign language has a basic form that corresponds to a spoken language, and sign languages diverge among isolated population groups in the same way as spoken languages. Learning a sign language is similar to learning a spoken language.

Interpreters for the Deaf

It is perhaps more accurate to speak of "interpreters for the Deaf" rather than "sign-language interpreters", in view of the variety of ways used by deaf people for communicating.

The career of professional sign-language interpreters is similar in many ways to that of interpreters of spoken languages, and their training is likewise similar. They must first acquire thorough knowledge of a sign language and then follow an appropriate course of studies. Some interpreters specialize in specific areas, such as medicine, legal matters, and a particularly important area for the Deaf: accompanying them throughout their school years, especially in job training and university studies.


Others choose the path of conferences or television. We have all seen them in a conference or meeting room or on TV, dressed in their simple black attire (or another plain color such as purple or navy blue) to enhance the contrast with their hands, which are their main vehicle of communication.


Cochlear implants

The idea of creating a device to facilitate hearing in deaf people has been around since the 18th century and what we know today as the cochlear implant did not become a reality until the second half of the 20th century.

In spite of the interest in these devices as a solution to what the majority society defines as the "problem of deafness", many deaf people do not agree because they do not see their deafness as a problem, especially if they were born deaf and have no experience of hearing.

The following article presents the viewpoint of many deaf people about how they are subjected to pressure to have cochlear implants placed, and other practices of imposing forms of communication (such as oralism and lipreading) other than the system they have already learned and consider their native language.
See: http://goo.gl/xL0IOE (in English)

Furthermore, implants are not the effective solution they are claimed to be. As explained by North American psychologist Harlan Lane (expert in deafness), implants do not always fulfill the promises of their supporters and sometimes do not work.

See: http://goo.gl/JdHXXz (in Spanish)

Doctors recommend placing implants before a child is 2-3 years old; it is not advisable later because "everything becomes noise", as deaf people describe it. By the time they reach this age, deaf children have learned a system of communication and have the foundation of their mother tongue. Placing implants later causes confusion when a person has no experience of hearing and interpreting sounds.

Nonetheless, they may be useful for people who have lost their hearing later in life and wish to recover it.

Resources for the Deaf

Deaf people have commonly been cast aside from the  society and considered "disabled". This perception is now changing, which has led to the creation of more resources for deaf people as they wend their way through a world in which communication starts with hearing.

Nonetheless, such attitudes persist and, consequently, deaf people often feel rejected and form their own community, sometimes to the extent of excluding hearing people.

Associations for the Deaf have been created in many countries to offer activities and information of interest to them, in addition to forums and other meeting points online and in physical places.

Some countries have national or regional registers of sign-language interpreters to provide individual sign-language interpreter services for deaf people and others with hearing difficulties when they need it in certain situations, such as doctor's visits, police stations and procedures related to employment, social services, legal advice, etc.

And a final note of interest. There is a university for the Deaf in the United States where all communication takes place in sign language. Gallaudet University http://www.gallaudet.edu/ is the world's only university with programs and services specifically designed to accommodate deaf and hard-of-hearing students. It was established in 1864 by an act of Congress and its charter is signed by President Abraham Lincoln.



Vivimos en un mundo en el que somos cada vez más conscientes de los idiomas y las diferencias entre los mismos.

Lo habitual es pensar en los idiomas hablados y olvidamos que hay personas que utilizan idiomas no hablados y se comunican principalmente con gestos. Son las "lenguas de signos", que tienen su correspondencia con distintas lenguas habladas. Al igual que entre las lenguas habladas existen dialectos y variantes, se da el mismo fenómeno entre las lenguas de signos.

Hoy nos adentramos en el mundo de los sordos y su forma de comunicación entre sí y con las personas oyentes. Nos lo explica Elena Sanz, una joven sorda que se comunica principalmente mediante la lengua de signos aunque creció en un entorno de personas oyentes y de pequeña aprendió a expresarse oralmente.

La conversación se desarrolló con la ayuda de Gloria Gascón, una intérprete de lengua de signos.

Elena es sorda profunda desde el nacimiento debido a la rubéola que padeció su madre durante el embarazo; no hay otros sordos en la familia y aprendió a hablar con la ayuda de su madre. En su infancia la lengua de signos era poco conocida en España, de modo que era sólo oral en el colegio, aunque tenía dificultades. Leía labios y le ayudaban los profesores y el logopeda del colegio.

Continuó así hasta 8º, cuando su madre descubrió los signos y Elena empezó a aprender esta lengua.

Hizo la carrera de enfermera auxiliar sin la ayuda de un intérprete. Ahora los alumnos sordos pueden ser acompañados por intérpretes en la escuela, sobre todo en centros de educación secundaria y superior.

Es muy consciente de las dificultades que tienen los sordos por haberlas vivido; no obstante, en sus propias palabras, es feliz con su vida.

Gloria mantiene estrechos vínculos con la comunidad de sordos en España a través de sus distintas facetas profesionales: intérprete de lenguas de signos española y catalana, y guía-intérprete de sordos y ciegos. También es logopeda y maestra de educación especial.

Tipos de comunicación entre sordos

A grosso modo, se puede hablar de tres medios de comunicación entre los sordos: oralismo, signos y palabra complementada.

El oralismo es el lenguaje oral. Los niños sordos aprenden a hablar como cualquier bebé, asociando un objeto con el movimiento de los labios de una persona con habla en lugar de asociarlo con algún sonido. Si falta esta conexión, el sordo sólo ve el movimiento de los labios pero no sabe lo que significa.

Suelen aprender a hablar de más pequeños que los bebés con habla. Un bebé con 4 meses ya puede "hablar", signando palabras sencillas. Además los bebés inventan sus propios signos, como "mamá", "papá", etc. Muchos sordos crecen como oralistas y luego aprenden la lengua de signos.

Algunos sordos refuerzan su lengua oral con un sistema de gestos manuales, que se conoce como palabra complementada. Ayuda a solucionar problemas de ambigüedad de la lectura de labios.

El uso de gestos para comunicarse ha existido siempre entre los seres humanos y era natural que se convirtiera en un medio de comunicación importante para las personas sordas. Los gestos se fueron evolucionando hasta formar la lengua de signos, que tiene una estructura gramatical rica y propia caracterizada por la configuración de las manos, sus movimientos, orientaciones y ubicación espacial y de otros elementos no manuales como los movimientos labiales, faciales, linguales, etc. Algunos signos son representaciones icónicas de objetos, acciones o personas y otros son de definición arbitraria para expresar sentimientos y otros conceptos complejos.

El mundo de las lenguas de signos es igual de complejo que el de las lenguas habladas. Una lengua de signos tiene una forma básica que se corresponde con una lengua hablada. Al igual que las lenguas habladas se van divergiendo entre poblaciones aisladas, ocurre lo mismo con las lenguas de signos. El aprendizaje de una lengua de signos es parecido al de un idioma hablado.

Intérpretes para sordos

Es quizá más correcto hablar de "intérpretes para sordos" en lugar de "intérpretes de lenguas de signos", teniendo en cuenta la variedad de formas de comunicación que emplean los sordos.

La vida profesional de los intérpretes de lenguas de signos en muchos aspectos es similar a la de los intérpretes de lenguas habladas, al igual que su trayectoria de formación. Primero es necesario tener un conocimiento profundo de una lengua de signos y luego seguir un programa de estudios. Algunos intérpretes se especializan en sectores concretos, como la medicina, temas jurídicos, y un área muy importante para los sordos: el acompañamiento durante su época de estudios, sobre todo en la formación ocupacional y universitaria.


Otros eligen el camino de los congresos o la televisión. Todos los hemos visto en una sala de conferencias o de reuniones o en la TV con su típico atuendo sencillo de negro u otro color liso (especialmente lila fuerte o azul marino) para facilitar el contraste con sus manos, que son su principal vehículo de comunicación.


Implantes cocleares

La idea de crear algún dispositivo para facilitar la audición a los sordos existe desde el siglo XVIII y lo que hoy conocemos como el implante coclear no llegó a ser una realidad hasta la segunda mitad del siglo XX.

A pesar del interés en estos dispositivos como solución a lo que la sociedad mayoritaria define como el "problema de la sordera", muchas personas sordas no están de acuerdo porque no identifican su sordera como un problema, especialmente si han nacido sordas y no conocen la capacidad auditiva.

El siguiente artículo presenta el punto de vista de muchos sordos acerca de las presiones que reciben por colocar implantes cocleares, y otras prácticas de imponer formas de comunicación (como el oralismo y la lectura de labios) ajenas al sistema que el sordo ya ha aprendido y considera su lengua materna.

Ver: http://goo.gl/rPECde (en inglés)

Además, los implantes no son una solución tan eficaz como se les presenta. Como explica el psicólogo norteamericano Harlan Lane (experto en la sordera), los implantes no siempre cumplen las promesas de sus defensores y a veces no funcionan.

Ver: http://goo.gl/AQ3Tfc (en español)

Los médicos recomiendan la colocación de implantes antes de los 2-3 años de edad. Más tarde no es aconsejable porque "todo se convierte en ruido", como lo explican los sordos. Llegado a esas edades, el niño sordo ya ha aprendido un sistema de comunicación y tiene la base de su lengua materna. La colocación de implantes después de esta etapa vital produce confusión por la falta de costumbre de oír e interpretar sonidos.

Aun así, pueden ser útiles para las personas que han perdido la audición en una etapa de la vida más avanzada y desean recuperarla.

Recursos para sordos

Los sordos a menudo han sido apartados de la sociedad mayoritaria y considerados como "discapacitados". En años recientes esta percepción ha ido cambiando, y en la actualidad existen cada vez más recursos para facilitar su integración en la sociedad que les rodea.

No obstante, estas actitudes hacia la sordera persisten, con la consecuencia de que los sordos a menudo se sienten rechazados y forman su propia comunidad, a veces hasta el extremo de excluir a las personas oyentes.

En muchos países se han creado asociaciones para sordos que ofrecen actividades e información de interés para ellos, además de foros y otros puntos de encuentro online y en lugares físicos.

Algunos países mantienen registros de intérpretes de lenguas de signos a nivel nacional o regional, con el objeto de proporcionar un servicio individual de intérprete de lengua de signos para personas sordas y con otras deficiencias auditivas que lo necesiten en determinadas situaciones, tales como trámites laborales, gestiones médicas, atención en centros de servicios sociales, asesoría jurídica, comisarías de policía, etc.


Y como nota final, un dato interesante. En los Estados Unidos existe una universidad donde toda la comunicación se realiza en lengua de signos. La Universidad Gallaudet http://www.gallaudet.edu es la única en el mundo que ofrece programas y servicios diseñados específicamente para alumnos sordos o con dificultades auditivas. Fue establecida en el año 1864 mediante una ley Federal y su carta de fundación lleva la firma del Presidente Abraham Lincoln.



Thursday, April 16, 2015

Jóvenes intérpretes y autónomos primerizos: 5 pistas para llegar con buen pie a la cabina

por Pilar García-Crecente, AIB



No encontraréis en estas líneas ni una divertida aventura ni tampoco la opinión de una experta. Mi humilde intención es compartir unos cuantos pasos que pueden parecer obvios cuando se llevan ya unos añitos bregando en esto de la interpretación, pero que no lo son tanto cuando uno intenta abrirse camino como intérprete.

Primero el placer: no estamos solos
Antes de enfrascarnos en la farragosa burocracia recomiendo bucear en algunos recursos que resultan de gran ayuda en los inicios de la profesión, por ejemplo la red Vega de AIIC (Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias) para intérpretes jóvenes y por supuesto la página colaborativa que patrocina interpreting.info. Además podemos escudriñar los entresijos de la profesión de la mano de Michelle en The Interpreter Diaries o de la mano audiovisual de Lourdes de Rioja en su canal de Youtube.

Después el deber
El mercado privado, como le llamamos, tiene sus propias reglas y, desde luego el español, tiene sus triquiñuelas y dificultades y puede costar aclararse en el marasmo de papeleo al que de repente nos enfrentamos una vez superado con éxito el doloroso trance del máster de interpretación.
El intérprete de conferencias es un profesional libre, un autónomo y, como tal, al empezar a trabajar se convierte en persona física que no solo debe cumplir con los muchos requisitos que establece la ley, sino que también deberá demostrárselo a sus “clientes” cuando se lo soliciten.
Para abrirse paso en el laberinto burocrático es recomendable hacerse con la firma o certificado digital; agilizará las gestiones y nos permitirá hacerlas desde casa.

Ojo avizor con el fisco y la Seguridad Social: Primero Hacienda y después la TGSS, siempre en este orden y dentro del plazo (30 días el alta, 6 días la baja)
El primer trámite para poder trabajar es dar de alta nuestra actividad económica en Hacienda en el epígrafe correspondiente del  IAE  ¡es gratis! Luego….tenemos 30 días como máximo para el siguiente requisito.

A continuación tenemos que solicitar el alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, en la Seguridad Social, ya que estamos obligados a cotizar desde el primer día ¡toca pagar la cuota mensual! Por cierto, en caso de que podáis acogeros a alguna bonificación, revisad bien las condiciones.

Es fundamental tener en cuenta que podemos darnos de alta y de baja las veces necesarias, pero sobre todo es imprescindible ¡que coincidan  Hacienda y Autónomos! Como al arrancar en la profesión probablemente no trabajaremos regularmente, es frecuente darse de alta durante los meses en que abunda más el trabajo y solicitar la baja cuando se nos presenta un desolador panorama sin contratos por delante. ¡Cuidado! ¡Aquí está el quid de la cuestión! Si, para ahorrarnos la cuota, nos damos de baja en la Seguridad  Social y se nos olvida la Agencia Tributaria (que es gratis), podemos encontrarnos con que, cuando volvamos a pagar nuestra cotización, nos reclamen “atrasos”. La Administración entiende que hemos dejado de pagar estando en activo y el susto puede ser mayúsculo.

Obligaciones contables… sin facturar-¡ni deudas tributarias ni sanciones, a poder ser!
Habrá que aprender lo antes posible los intríngulis de los formularios del IVA y del IRPF. No está de más recordar que, aunque haya meses en los que no trabajemos nada de nada, si estamos de alta, habrá que presentar la declaración trimestral del IVA, aunque sea poniendo aquello tan desolador de “sin actividad”, o nos caerá una sanción.

¿Riesgos laborales?-¡más vale prevenir!
Por fin tenemos un par de jornadas de trabajo a las puertas, una reunión para la que llevamos estudiando varios días; ya cumplimos religiosamente nuestras obligaciones legales y vamos a facturar algo cuando…, sin previo aviso, nos piden un certificado de Prevención de Riesgos Laborales para poder entrar en el edificio.


¡Que no cunda el pánico! ¡No estamos solos!, cualquier colega más avezado nos echará una mano para conseguir superar este último trance y llegar, al fin, a nuestra ansiada cabina.

Monday, March 9, 2015

"TELL ME LIES, tell me sweet little lies..."


...ten things clients say that you should never believe

                            



As the years pass and colleagues acquire experience both in interpreting and in organising the service, we learn to recognise a number of cases where our dear clients tend to be a teeny bit - to use the time-honoured euphemism - "economical with the truth."

Let us take these in chronological order. An initial phone call with a prospective client or an interview with one whose project is in preparation is likely to feature the fallacy "No ´retour´ will be needed, all the speeches will be in (for example) Spanish and there will be no questions, so no need for interpreting into Spanish." Believe this at your (or, in fact, their) peril: what would be the use of a medical presentation, press conference, etc. where there was no dialogue? And it´s such a shame if - because interpreters with the appropriate language combination have not been furnished - local journalists cannot ask for clarification, if that dialogue cannot be established.

The client may well believe that one; the same, however, cannot always be said of the chestnut "I´ll confirm tomorrow", uttered after weeks of negotiation with repeated changes of language combination (what is it that makes clients think a Spanish-English-German team can be magically transformed overnight into a Greek-French-Italian one?) and just days away from the conference, when the colleagues one has optioned are champing at the bit to be freed so that they can accept other work proposals they have meanwhile received. "I´ll call you back in five minutes" - don´t hold your breath! - is a reliable harbinger of this one.

When it comes to the stage of discussing distribution of speakers´ draft texts and presentations, there is a familiar set of porkies which, one has to assume, are motivated more by laziness than by mendacity. The classic fib is "I don´t have any texts", also essayed by disloyal or simply brazen speakers buttonholed on the fateful day. This attitude has been compared with expecting to send a brain surgeon into the operating theatre without bothering to let him see the X-rays. There can be no better response than the Danica Seleskovitch technique: to stamp one´s foot and (drawing oneself up to one´s full diminutive stature) declaim, "I´ve been in this lark for twenty years and there is always a text!"

The next whopper is one of our favourites: "It´ll be easy, it is not at all technical." Here again it is plausible that, by virtue of a kind of subjective mirage, the speaker believes their statement: the speech is jam-packed with the very latest terms and concepts in, say, chemical tensiometry, but - since our friend eats, breathes and sleeps detergent surfactants - he cannot imagine that it is not as accessible to the layman as Disney´s "Winnie the Pooh" is to the average three-year-old.

Conference day dawns and the consultant interpreter or team leader shows at the venue well in advance of the agreed time (she could not sleep anyway, so why not?) There they are greeted by the technician with the evergreen "The equipment has all been checked and is tickety boo." In this case it is hard to determine whether they are bona fide or knowingly lying through their teeth; the fact is that, again (indeed even if the equipment has been checked), it would be a most foolish colleague who accepted this assertion at face value instead of personally verifying that each and every microphone in the booths and in the room, as well as consoles, headsets... is fit for purpose: otherwise one or more is certain to fail, bringing the proceedings to a spectacular grinding halt.

The next falsehood is, of course, our old friend "I´ll be brief." Marshal your ballpoints and gird up your consecutive pad, or - in simultaneous - make sure you have several bottles of water so as to keep your whistle wet, for this is about as likely to be true as, countless gruelling minutes later, the timeless "by way of conclusion..."

Occasionally, particularly in the context of consecutive interpreting in the field, one may encounter this curious specimen: "Just give me a literal translation, that will be best." This is not so much a deliberate untruth as a fond delusion, in the face of which, however, it is hard to maintain one´s composure - not least because it shows a crass lack of trust in the professional. Would we need to spend years training in conference interpreting techniques, reformulation..., if it really were sufficient merely to transpose words? Would they need to put up with (and pay for) us, rather than simply use Google Translate? The temptation is to reply, "To the saint of what: because it emerges from your eggs?"

"The cheque is in the post." These days this one has to be a barefaced invention; when were you last paid by cheque?


Clients: dontcha love ´em?
On the other hand, where would we be without them?

Wednesday, February 11, 2015

CONFUCIUS, NIGHT FLIGHTS IN AFRICA, VULTURES AND TOWERING INFERNOS


By Felix Ordeig, AIB




After reading posts in this blog on how the Big Idea to create AIB originated in the cramped quarters of a plane on the way home from an overseas contract, or useful advice for interpreters on how to cope with the unexpected, or reminiscences from a veteran colleague on the halcyon, bygone days of our profession when irritating and time-consuming security measures were few and far between, and interpreters supposedly had the red-carpet rolled out for them, I am reminded of an unforgettable and exotic assignment, the telling of which I trust will not resemble Granddad’s oft-told war stories…
The tale is set almost fourteen years ago, when AIB was just beginning to find its feet, and includes many ingredients which an interpreter often gets a chance to savour during his or her professional life - the inconveniences of air travel, bizarre accommodation, dodgy equipment and having to cope with un-bargained for events, plus elements of the sublime, the ridiculous and out-of-the-blue tragedy witnessed from afar in strange surroundings.


As I packed my bags at dawn for a large international parliamentary event in West Africa, Confucius’ curse “May you live in interesting times” could not have been further from my mind. Ahead of me lay five days’ work in the capital of a state with a diverse ethnic and religious make up, like so many in the continent, one of my first out-of-Europe assignments: an exciting prospect despite facing a long, boring and presumably uneventful journey, and reassured by a bona-fide contract with a reputable international organization and the presence of friendly colleagues on the team, including some experienced “Africa hands”.


Everything started to go awry, however, right from the outset: a sudden wild-cat strike by pilots turned Brussels airport into a nightmare: chaos, cancelled connecting flights, scores of angry passengers, overwhelmed and overstressed staff unable to cope… I’m sure some of you readers are unfortunately familiar with the score. Priority number one was to warn our employer of our predicament, and probable late arrival; that done we attempted to find seats on any plane going towards West Africa. After many hours of endless queuing, cajoling and pleading we were ushered onto a packed, late night, chartered flight bound for Senegal, with uncertain assurances of onward connections…


I’ll spare you all the details: but a trip that was supposed to last just over 8 hours ended up taking 52. This extra time included trying not to fall asleep on a bench at Dakar airport transit lounge (no worse an experience than being holed up in a nearby forlorn beach hotel which had seen far better days, obsessed as we were with keeping nasty invertebrates at bay) and a hair-raising overnight flight to our landlocked destination in a hand-me-down turboprop, with many of the seats not properly secured and loose wiring hanging down from the ceiling. When the pilot first announced that it was his first time on the route, and shortly afterwards that “pour des raisons techniques et très mauvais temps nous devons faire une escale non prévue à Bamako”, my neighbour and colleague turned ashen-faced and made a quick bee-line for the toilets (out of order, of course);other passengers started moaning or weeping… Any fleeting temptation to feel like St.Exúpery dissolved, giving way to barely controllable panic as the ancient creaking aircraft tossed and turned in the invisible turbulence over the Sahel.


Never have I hot-footed it off a plane faster than when we finally landed!

We were given a hero’s welcome on arrival by the rest of the team (who had covered for our absence) at our “hotel” which turned out to double up as a brothel, its usual occupants having apparently been unceremoniously turfed out and the premises getting a hasty coat of paint –presumably like others in town – to house participants and staff at this august international gathering of parliamentarians.
The hotel, in the middle of a slum, was surrounded, moat-like, by a smelly open sewer with various specimens of underfed marauding rodents, but it did have a great beer lounge (with bright red-velvet walls)sporting a preposterously wide  TV screen (of which more later).

The Conference venue had been refurbished for the occasion, but this had not included the (non-standard) booths; sound quality left a lot to be desired and the mobile French booth in one room  actually started to collapse in slow motion around the (local) interpreters who, true professionals, continued working unfazed. Not to mention the odd fat insects which kept dropping onto the desk; in the circumstances consecutive work –of which there was some– was actually a relief.

A feature which sticks in my mind were the large, aggressive-looking griffon vultures in a yard just behind our booth, where we often nipped out to so as to escape the noisy, ineffectual air-conditioning machine. The yard served as a massive rubbish dump, which attracted these huge and ugly, scrawny winged scavengers which glared at us balefully, lest we bizarre looking figures ridiculously dressed in jacket-and-tie attempt to trespass on their territory, which they shared with local inhabitants who searched the dumps for anything remotely valuable.

One afternoon, travelling back after work in the ramshackle shuttle minibus, a Catalan conference translator from Geneva suggested “avui és l’Onze de Setembre,,hauríem de fer una cerveseta per celebrar-ho” , which seemed to me a rather odd  proposal given the setting. On reaching the hotel and entering the bar I was struck by many people, including colleagues, watching in silence at what looked like a thriller on the TV, with two large skyscrapers on fire and plumes of thick black smoke billowing upward in sharp contrast with a clear blue sky. On cheerfully asking what film this was came a curt, hushed rebuke “Felix, this is for real, it’s happening right now in New York “, just as one of the towers slowly and silently started collapsing on screen.

Witnessing this terrifying event live in one of the poorest nations in Africa – albeit with graceful, humorous people, and an admirable mutual respect for religious and ethnic diversity (at least at that time) - must be one of the most surreal experiences I’ve been through. I remember wandering, slightly dazed, at dusk that same day through a smoke-filled, poorly lit, street market, thronged with people –traders, hawkers, musicians and passers-by – seemingly oblivious to what to us was an earth-shattering event, which for all they were concerned could have been taking place in another planet (even 14 years ago, globalization had by no means reached all the nooks and crannies of our world).

The attacks on the twin towers knocked the stuffing out of the conference, which suddenly seemed irrelevant, even to us interpreters- quite a few colleagues had family and friends in New York and were desperately anxious to get home or to some place with reliable telecoms.

After briefly discussing and adopting a hastily drafted condemnatory resolution – I recall thinking at the time in the booth that the language chosen seemed woefully inadequate to reflect the enormity of what had just happened; how often does this occur to us, I wonder? – Business was adjourned a day early. Even at a small sleepy African airport, security measures were very tight, shortly before we took off into what looked to become a darker, more threatening world.

OK, so I haven’t touched upon the techniques or the mental and emotional processes involved in interpreting, which have been very well dealt with in some detail by other colleagues in earlier posts in this blog. After all, these processes are basically the same whether your conference interpreter’s booth is next to a designer-fashioned hotel lobby with scented teas and tasty munchies or rather a dusty, reddish wasteland with hungry gyps fulvus eyeing you up for size and wishing you were carrion. From a personal experience I have focussed on what I would call some of the ancillary aspects of our job. My recommendation would be to ensure that if you are called to an assignment in so-called “exotic” locations your hand baggage should include not just anti-mosquito spray, water purifying tablets, proof of medical cover and life insurance and so on, but also large dollops of common sense, curiosity, humour and humility (the latter admittedly a scarce commodity in the profession) and which in any case will stand you well in your professional career, wherever you are.


Wednesday, January 7, 2015

El alter ego del orador



Hace unos días me encontré en una de esas raras ocasiones en las que se interrumpe el ritmo frenético del día a día: mi móvil se había quedado sin batería, estaba de viaje y me preguntaba cómo demonios sobrevivía antes si no llevaba un buen libro bajo el brazo. Tras el desconcierto inicial, empecé a reflexionar sobre qué cualidades debe reunir una persona para poder ser un buen intérprete. 

Salta a la vista, por su obviedad, que hace falta un excelente dominio de las lenguas de trabajo y soltura a la hora de hablar en público, pero luego hay otras cualidades, más sutiles y difíciles de caracterizar, que determinan que una persona se pueda convertir en un buen intérprete o no. ¿Qué tenemos en común los intérpretes de AIB, un grupo de 17 profesionales en apariencia tan distintos? ¿Qué hace que seamos capaces de ir más allá de la mera “traducción” de una serie de palabras a interpretar con toda fidelidad qué es lo que quiere decir el orador (tarea no siempre fácil en este mundo donde el globish se ha convertido en la lingua franca)? 

Yo creo que la clave radica en la empatía, esa capacidad de identificarte con lo que siente el otro, de realmente ponerte en su piel. Es necesario comprender al orador, y no me refiero a entender sus palabras o su acento, sino a saber de qué está hablando, a quién se dirige y por qué, a conocer el contexto en definitiva. Por eso es tan importante la preparación previa al congreso. Si conocemos el contexto y el vocabulario, con todos sus tecnicismos, seremos capaces de sintonizar plenamente con el orador. A menudo les recuerdo a mis alumnos que los intérpretes no acabamos con el estudio el día que salimos de la facultad con un flamante título de máster bajo el brazo, les digo que toca convertirse en estudiantes perpetuos, que cada congreso es un examen para el que te has de preparar a fondo, en el que tu reputación como profesional puede salir reforzada o maltrecha por una prestación por debajo de lo que se esperaba de ti. La curiosidad intelectual se convierte, por tanto, en una cualidad imprescindible, porque si no logramos encender la chispa del interés por un tema determinado, el estudio se puede convertir en un suplicio insoportable, y eso, con toda seguridad, se reflejará en la interpretación.

Tienes que ser riguroso sin que el perfeccionismo lastre tu capacidad comunicativa, liberar la adrenalina justa para mantenerte alerta pero sin que te bloquees por un exceso de nerviosismo. Has de contar con la flexibilidad y serenidad suficientes para poder confiar en tu experiencia si te encuentras con que te han asignado a un congreso a última hora y no hay tiempo para prepararlo tan a fondo como quisieras; para salir airosa cuando has estudiado hasta conocer al dedillo los stents cardíacos y resulta que hablan del partido de fútbol del sábado; para trabajar cada día en un lugar distinto, sin rodaje previo, cual caracol con su oficina a cuestas…

Finalmente tienes que poder mantener la máxima concentración en cabina, esa sensación casi mágica, que por unos minutos (20, 30, en función de los turnos) hace que te olvides del mundo exterior y te sumerjas en el discurso, cuando dejas de ser tú misma y te conviertes en el alter ego del orador y, con toda discreción, tiendes un puente entre lenguas y culturas de un modo prácticamente imperceptible para que el oyente casi ni se percate de tu existencia. En ese momento logras que aquello que es tan complejo, y a la vez tan sencillo, –él habla–yo escucho–yo hablo–ellos escuchan– funcione cual mecanismo de relojería perfectamente engrasado.

Sí, la interpretación desde luego es mucho más que dominar dos idiomas y expresarse con soltura.

Wednesday, December 10, 2014

Interpretamur Papam

Interpretamur Papam

Geschichten und Anekdoten gibt es im Dolmetscherleben genügend zu erzählen. Zum Beispiel, wenn der Heilige Papst das Europäische Parlament besucht und man als üblicher Mitarbeiter eine Sicherheitskontrolle nach der anderen überwinden muss, um überhaupt bis zu seiner Kabine zu kommen.
So war es vor ein paar Tagen in Straßburg. Es ist überraschend, wie eine Stadt einen halben Tag lang Kopf steht: Verkehrsstaus am frühen Morgen, annullierte Straßenbahnhaltestellen, Sicherheitsabriegelungen weit um das Gebäude herum und im selben Gebäude. Keine Chance also, sich die Person selbst aus der Nähe anzusehen.
Aber erfahrene Kolleginnen wie Ursula Zuber wissen, dass dies nicht immer so gewesen ist und dass der Sicherheitswahn in den letzten Jahrzehnten stark zugenommen hat… Das sind ihre Erfahrungen in päpstlichen und königlichen Angelegenheiten:


Das war vor 20 oder 25 Jahren noch ganz anders. Terroristen tobten in weit entfernten Gegenden und waren noch kein Tagesthema. Auch das glasgepanzerte Papamobile für die Sicherheit der Heiligen Vaters war noch nicht erfunden. Bei den alljährlichen Empfängen für die Teilnehmer an der FAO Generalversammlung bewegte sich der Papst frei im Audienzsaal und drückte jedem die Hand mit ein paar freundlichen Worten. Quasi en famille…


Ebenso problemlos waren Empfänge beim Staatspräsidenten in der Moncloa oder beim König. Halb Madrid wurde zwar blockiert, da man vom Flughafen bis zum Ziel in mehr oder weniger langen Wagenkolonnen fuhr, begleitet von Unmengen von Polizisten mit Sirenen auf voller Lautstärke, aber das war es dann auch. Sehr spektakulär und Aufsehen erregend, eher als mit Akzent auf Sicherheit. 


Und so war auch die Dolmetscherei lockerer. Vieles war konsekutiv und damit schaffte man sich die Kunden fürs Leben und man „gehörte dazu“. Verträge wurden lange im Voraus ausgehandelt, die Unterlagen kamen  - oh, wie bequem! – per Eilboten oder per Post, die Bezahlung erfolgte üblicherweise sofort am Ende der Arbeit, meistens in bar und an Steuern dachte damals noch keiner… Mit den Jahren wurde alles bürokratischer, geregelter und unpersönlicher und zu guter Letzt sanken in Spanien auch noch die Honorare, nachdem diese nicht mehr einheitlich und weltweit in $ festgelegt wurden. Nach und nach wurde der Dolmetscher zu einer anonymen Stimme im Mikrofon und als Person eigentlich nur noch zur Kenntnis genommen wenn etwas nicht klappt. Ausnahmen bestätigen zum Glück die Regel.

Interpretamur Papam

En la vida del intérprete sobran historias y anécdotas para contar. Por ejemplo, como cuando el Santo Padre visita el Parlamento Europeo y como humilde trabajador uno tiene que superar un control de seguridad tras otro antes de poder llegar a su cabina.
Esto mismo ocurrió hace unos días en Estrasburgo. Es sorprendente ver cómo se pone patas arriba una ciudad durante medio día: atascos de tráfico de buena mañana, paradas del tranvía anuladas, perímetros de seguridad alrededor del edificio y también dentro del mismo. Por lo tanto, cero oportunidades de observar al personaje de cerca.
Pero hay colegas veteranas como Ursula Zuber que saben que esto no siempre ha sido así y que la obsesión por la seguridad ha ido en aumento de manera importante en las últimas décadas… Estas son sus experiencias en asuntos papales y reales:

Hace 20 o 25 años la situación era completamente diferente. Los terroristas campaban en tierras lejanas y aún no ocupaban los titulares. Tampoco se había inventado aún el papamóvil de cristal blindado para la seguridad del Santo Padre. Durante las recepciones anuales para los participantes de la Asamblea General de la FAO el Papa se movía con libertad por la sala de audiencias y le daba la mano a todo el mundo, acompañándolo de unas amables palabras. Casi en familia…
Igual de sencillas eran las recepciones ante los presidentes de estado en la Moncloa o con el Rey. Es cierto que medio Madrid quedaba bloqueado, puesto que desde el aeropuerto hasta el lugar de destino se circulaba en convoyes más o menos largos de vehículos, acompañados por multitud de policías con sirenas a todo trapo, pero eso era todo. Muy espectacular y llamativo, pero con poco acento en la seguridad.

Y así también la profesión del intérprete era más relajada. Se trabajaba mucho en consecutiva lo que permitía fidelizar a los clientes de por vida y convertirse “en uno más de ellos”. Los contratos se negociaban con mucha antelación, los documentos llegaban -¡oh, qué comodidad! – por servicio de mensajería o por correos, el pago normalmente se realizaba nada más terminar el trabajo, la mayoría de las veces en efectivo y nadie pensaba aún en los impuestos… Con los años todo se volvió más burocrático, regulado e impersonal y al final, además, en España se redujeron los honorarios después de que estos ya no se decidieran de forma coordinada en todo el mundo en $. Poquito a poco el intérprete se fue convirtiendo en una voz anónima al micrófono y solo se le percibía como persona cuando algo no funcionaba. Por suerte las excepciones confirman la regla.